Estaba con Mariano merendando ante una cazuelita de rabo de toro cuando otro cliente del mesón,
donde estábamos, dejo el periódico en la mesa de al lado con la portada hacia arriba. Mariano se
quedó mirando el diario y me dijo:
-No sé dónde vamos a parar. Otro asesinato de una niña en Sevilla. Ya no sé si es culpa de los
padres, de la sociedad, del Gobierno o de que ¡leches! es. Pero no hay derecho que te arrebaten la
vida de un hijo sin saber porque.
-Tienes mucha razón –le dije yo-. Célebre ha sido en la historia de la antropología
aquella sentencia de Plauto: homo homini lupus, lobo es el hombre para el mismo
hombre. Séneca reacciona contra ella para proclamar, por encima de todo: homo
homini homo; a pesar de todo, de sus defectos y miserias, el hombre es hombre.
La historia de la humanidad es un poco la manifestación de esa doble faceta que
cada uno llevamos dentro: de lobo y de ángel. En todo hombre hay una doble cara,
de ángel bueno y de niño travieso. Sólo él es responsable de su propio
comportamiento. El diablo es cada uno, pero también cada cual es su propio ángel
guardián. Por mucho que los padres intenten educar a sus hijos, solo los genes más
desarrollados, dentro de cada uno, darán un comportamiento bueno o malo.
-Algunas veces me dejas boquiabierto en tus afirmaciones. ¿Qué quieres decir?.
-Todas las generaciones del hombre son dificultades que ha tenido en su convivencia ciudadana.
“No es lo mismo tener libertad que poderla ejercer”, escribió un día Paul Sartre. A lo largo de la
historia se han pasado innumerables etapas que ha ido siguiendo el hombre en su sadismo.
-Lo que habría que hacer es elevar las penas: a pena perpetua, por ejemplo.
-¿Y tú crees que eso serviría para algo?. Yo pienso que no. Solo un cambio de mentalidad de
profundos valores morales, inculcados desde la más tierna infancia, puede, poco a poco, cambiar la
mentalidad de las personas. ¿Cuántas veces ves por TV caídas, golpes, accidentes de otras
personas y te partes de risa?. Son auténticos reality shows. Ver la desgracia de los demás nos hace
reír. Mientras eso exista no tendremos respeto por los demás. Esto me hace afirmar que siempre
sacamos de nuestras más profundas entrañas la maldad que el hombre lleva dentro. Lógicamente
también la bondad y solo depende de cada uno como respondamos ante las situaciones de nuestra
vida. Cuando en caliente manifestamos nuestros deseos de endurecer las penas, pena perpetúa o
incluso pena de muerte, lo que nos mueve es un sentimiento de venganza por lo vergonzoso que
nos parecen los hechos ocurridos. Ya están los técnicos, sicólogos y siquiatras para opinar sobre la
reinserción a la sociedad de las persona presas. Yo abogo por una vigilancia continuada de estas
personas.
-Pero siempre pagan la peor parte los débiles.
-¡De los débiles de espíritu es el Reino de los Cielos!. Los celos suelen ser la excusa perfecta que
se antepone a nuestras acciones que consideramos que están mal. "La maté porque era mía". Los
celos justifican nuestros comportamientos inapropiados, feroces y sirven hasta de eximentes en
muchos juicios. No quiero con esto justificar al asesino de Marta, sino todo lo contrario. Además es
mayor de edad y responsables de sus acciones. Después los abogados dirán enajenación mental
transitoria y cosas por el estilo. Que no lo quería hacer pero que ella lo provocó. Los padres que se
preparen a escuchar las tonterías mayores por parte de los abogados defensores. Solo espero que
el cadáver aparezca, porque si no las penas serán ridículas y a quienes toque juzgar lo hagan con la
mayor severidad. No solo este caso sino todos los de este estilo.
-No sé cómo podemos defendernos de esta gentuza. ¿Qué solución hay?
-Ninguna. Me siento incapaz de pensar en una solución. No la hay. Tenemos que vivir con ello.
Intentar proteger más a nuestros hijos, preocuparnos con quien salen, que es lo que hacen y aun
así pasará. Vigilar más a los violentos, a los pederastas, a los criminales… pero siempre tendrá una
primera vez. Vigilar a los que han cumplido condenas de sangre, para que no reincidan. En la
relación padres e hijos los que nunca se enteran de nada son los padres, y cuando se enteran es
tarde.
-En eso tienes razón. ¿Qué país?.
-Te garantizo que no es malo –le dije-.
De tanto hablar mirando el periódico tuvimos que pedir que nos calentasen el rabo.
© PLCF 2009
009-Muerte en Sevilla