Tras explicar a Mariano el programa de ordenador, que le había llevado a venir a casa, y como ya
eran las 9 de la noche, le dije:
-Quieres quedarte a cenar. Nos hacemos unos huevos estrellados con jamón.
-Sí, vale. Pero háblame de Auschwitz.
-La verdad es que me repugna hablar de ello, pero quizás te cuente lo que todavía no he contado a
nadie.
-Lo que si te he oído decir es que entraste de una forma y saliste de otra ¿Qué quieres decir?.
-Mira nada más entrar te encuentras con un cartel que te dice: “Arbeit macht frei”, “El trabajo te
hará libre”. Todo un sarcasmo de lo más sádico, como todo los que ocurrió allí. Entre, a mis 54 años,
pensando que dentro del ser humano existe bondad y salí pensando lo perverso que somos y lo que
podemos llegar a ser. Los campos de concentración fueron creados, por los nazis, nada más llegar
al poder, para aislar a sus adversarios políticos, así como personas consideradas por ellos como
peligrosas para el Estado. Después del estallido de la II Guerra Mundial, 1939, los nazis los
construyeron en Polonia, así como en otros países ocupados cuyo fin fue el exterminio de la gente.
Se crearon a propósito unas condiciones que favorecían un alto nivel de mortalidad de los
prisioneros, aparte de una explotación económica, haciendo trabajos forzosos para diferentes ramas
de la economía alemana.
-¿Por qué crees que hicieron eso?
-Porque pensaban que el resto de los habitantes de los distintos países eran de una raza inferior.
Ellos eran la raza “aria”, que nunca existió como tal, personas altas, rubias, con los ojos azules y
completamente subordinados al “poder”. O sea lo contrarío de su líder, Hitler, bajito, pelo negro,
austriaco, ni siquiera alemán. En consecuencia destinaron a los polacos y a los eslavos del Este a
un sucesivo aniquilamiento y sus tierras a ser colonizadas por los alemanes. En cambio, a los judíos
y gitanos los condenaron al exterminio total. En Polonia hubo seis campos Kulmnhof, Belzec,
Sobibór, Treblinka, Majdanek y el más grande de todos Auschwitz que se dividía en tres partes
Auschwitz I y Auschwitz II–Birkenau y Auschwitz III–Monowitz. Allí murieron un millón de judíos, 150
mil polacos, 23 mil gitanos, 15 mil soviéticos y 25 mil de otras nacionalidades, entre ellos 6 mil
españoles.
-Hay personas que dicen que eso es una exageración que no les salen las cuentas y cosas por el
estilo. Incluso creo que recientemente un obispo católico. –dijo Mariano.
-Unas de las cosas que llevaban los nazis a la perfección es que tenían listas
para todo, y las cifras son las que te he indicado. Todo esto ocurrió entre 1940 a
1945. El obispo lefebvrista que se ha manifestado que no es para tanto, acaba
de decir Roma que siente mucho haberle levantado la excomunión.
-Pero es que durante la II Guerra Mundial nadie se enteró de lo que allí pasaba.
-En 1939, los territorios occidentales polacos, incluido Oswiecim, fueron anexionados al Tercer
Reich. A esta ciudad los alemanes dieron el nombre de Auschwitz y de la misma forma denominaron
el campo de concentración creado, en primavera de 1940, en un antiguo cuartel cerca de las vías
del tren. Esta perfecta ubicación permitía un rápido y eficaz transporte de los prisioneros, así como,
una vez desalojada la población local, el aislamiento del mundo exterior. Los primeros prisioneros
fueron polacos, políticos, sindicalistas, músicos, intelectuales, profesionales, etc., todos aquellos
que podían hacer sombra a las autoridades alemanas.
-Pero como se recuerda es por el exterminio judío.
-El 20 de enero de 1942, se celebró una conferencia en Wannsee, durante la cual altos funcionarios
del Tercer Reich establecieron los principios del plan “solución final” para el problema judío. Al
parecer Hitler odiaba a la raza judía, que consideraba contaminaba la alemana “aria”, por lo que el
exterminio eran la mejor solución. Esto basto para que sus militares adjuntos buscasen las formas
más rápidas de aniquilar a dicho pueblo, sin que este fuese culpable de nada. Lo que pasa es que
alguno de ellos busco la forma más inhumana, perversa y sádica para hacerlo.
-¿Qué es lo que más te impresionó? –me pregunto Mariano.
-Aparte de estar en los andenes donde los gendarmes de las SS ordenaban desnudarse a los
prisioneros (mujeres, hombres y niños) y los conducían a las cámaras de gas, camufladas como
duchas, estar dentro de una de estas cámaras, pensar que por unas ventadas situadas en el techo
los nazis introducían granulado de ácido cianhídrico “zyklon B”, el cual, evaporado a la temperatura
del cuerpo, provocaba la muerte por asfixia. Que después otros prisioneros, los Sonderkommando,
les cortasen el pelo, les quitasen los dientes de oro, los incineraban en hornos crematorios o en
fosas y aprovechasen las cenizas, junto con huesos no incinerados, como abono de cultivo. Que
cuando llegaban más prisioneros que capacidad tenían las cámaras de gas, a los niños se los
llevaban a bosques cercanos y en unas trincheras rociasen gasolina, prendiesen fuego, y arrojasen
allí a los niños desnudos. ¿Me preguntas que fue lo que más me impresiono?, aparte del museo con
las ropas, enseres de los prisioneros, el pelo de mujeres, los juguetes de los niños etc. pues fue el
bloque número 11, llamado también el de la Muerte. Allí estaban los penados o sometidos a
investigación por parte de la Gestapo. Vi unos cuartos de un metro por un metro, es decir un metro
cuadrado, donde eran encerrados hasta nueve adultos, completamente desnudos. Estaban
totalmente sin poder moverse, de pie, si quedaba algún pequeñísimo hueco metían algún niño,
puesto que lo que consistía es que se formase una gran masa humana. Cuando hacían sus
necesidades lo realizaban sobre el cuerpo de otro prisionero, con el olor nauseabundo que ello
generaba. La altura de estas celdas era de 1,60 metros, por lo que debían de estar, muchos de
ellos, con el cuello doblado sin poder moverlo. Una vez corridos los cerrojos los tenían sin comida ni
bebida durante siete días. Cuando se abría aquello estaban, pegados unos con otros, muertos y si
alguno vivía se le sacaba al patio, al poste, y se le azotaba hasta que dejaba de respirar.
-¿No estas exagerando?
-Desgraciadamente para mí no, desde entonces, cuando me acuerdo dejo de dormir, te he dicho
verdad, lo que me contaron y lo que me enseñaron para que comprobase lo que me decían. No es
lo mismo ver un reportaje, una película, que te lo cuenten o vivirlo estando allí. La visita de Juan
Pablo II fue muy emotiva y en este bloque 11, lloró amargamente. Enfrente estaba el bloque de
experimentos del doctor Méngüele. Con todas las ventanas tapiadas para que nadie pudiese
escuchar los gritos por las atrocidades realizadas a los niños. Este doctor llegó a la conclusión que
la piel de los niños era la mejor para hacer pantallas o apliques para los aparatos de luz. ¡No
entiendo como nadie le ha dado el Premio Nobel de Medicina!.
-No me cuentes más. Te comprendo que no quieras hablar de ello. Me has dejado el cuerpo de jota.
Menos mal que no has hecho todavía los huevos. No quiero cenar me voy a casa.
Mariano se fue cabizbajo. Yo dormí mal por recordar algo, que no me importa haberlo visto, pero me
repugna. Cada vez que lo recuerdo o veo mi montaje del viaje a Polonia, me hace reflexionar. No
me extraña que la Iglesia Católica diga que no hay infierno. El infierno lo llevamos dentro todos los
seres humanos. Solo Hitler no fue el responsable de aquello, sino muchos más que le siguieron la
corriente. Pero la vida sigue. Sigue el sadismo recientemente en Abu Ghraid, Guantánamo y en
tantos y tantos sitios donde la tortura esta como método de aniquilación.
© PLCF 2009
011-Auschwitz