Con mi amigo Mariano  Conversando en libertad
De pronto me llama Mariano y me dice: -¿Mañana nos vemos? -Pues no, –le dije yo- mañana me voy a Córdoba “La Sultana”. -Me voy contigo. Allí esta Jacinto, mi hijo, de trabajo. -También voy a trabajar. -Es igual me voy contigo. No lo veo hace tiempo y tengo ganas. Como vas. -En AVE, llama a Miguel y le dices que te vienes conmigo y que reserve en el mismo hotel y te saque el billete del AVE. Así lo hizo. Nos juntamos en el andén de la estación Delicias y cogimos el tren. Tardamos 2 horas 45 minutos, una pasada. Al darnos el periódico, en el vagón, Mariano leyó la siguiente noticia: “la aerofagia de las vacas destruye la capa de ozono”, “las vacas españolas son menos nocivas que las chinas”. A Mariano y a mi, poco nos falta para sacar punta aún lapicero, desde Zaragoza a Ciudad Real, las carcajadas se oían en todo el vagón. Y dijimos que volveríamos hablar al regreso. Al llegar me fui a trabajar y él a buscar a su hijo, después nos veríamos a cenar, en el restaurante “El Churrasco”, en plena judería. Al ver a Jacinto me alegre mucho, desde que era un crío no lo había visto, y era todo un ejecutivo. Hablamos de todo un poco hasta llegar al chuletón, donde espeto Mariano: -Háblale del Palomitero. -Papa no seas pesado, yo quiero olvidarme de él, y tú, erre con erre, que cuente cosas de ese ser tan desagradable. -Si no quieres contar nada no lo hagas –dije yo. -Si me da igual y menos a ti que durante tantos años te he llamado tío. Nada se llama Manel y es un maleducado, figurón y le gusta dar la nota. Además de un odio hacia mí descomunal. -De esos hay muchos. Algo le harías –le dije para pincharle. -Nada, absolutamente nada. Fíjate a los 15 días de que tomase posesión en la ejecutiva de la empresa, me llamo un miembro de un comité anterior, para decirme que en una reunión había manifestado Manel, “a ese lo echo yo cuando me salga de los c….”. Cuando entró montó un lío con las cuentas de mucho cuidado pensando que eso me perjudicaría. -La ignorancia es muy atrevida, –le dije. -Quería censarlo todo sin darse cuenta que a quienes censaba no era a mi sino al tesorero y al gestor contable que a su vez era el suyo personal, montando un mal rollito de mucho cuidado. Un día le dije: “Manel, no has dado el visto bueno a las facturas, hazlo para que seas responsable, el que las censa, lógicamente se responsabiliza”. A partir de entonces no firmo ninguna más. Mira la última, después de irse, de hace un par de meses. Había una reunión para establecer reparto de beneficios, etc., vino y se puso hacerse el remolón para ver si le invitaban a comer. Todos los consejeros esperando y él de un lado a otro dando conversación. Algunos hicieron apuestas, “que lo despacha el Presidente”, “que se queda”, “que pide el plato más caro y con más grasa”. Hasta que uno dijo “este hombre es como los osos, Yogui y Bu-bu, alrededor de los campistas, a ver si cae algo que comer”, “os acordáis de Yogui, lo que yo me reía con él” dijo otro, como las risas empezaron a ser sonoras se dio cuenta que eran para él y se fue. Para mí el mejor día de mi vida. -Siéntate en la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo -dije yo. -Un verdadero patán –dijo Mariano-. Cuéntale la comida con el delegado extranjero. -Estábamos organizando un encuentro internacional, Manel organizo la comida. Un desastre. A mí me dijo que no fuera y le dije que él no era nadie para que me dijese nada y que me lo tenía que decir el Presidente del Consejo. Cuando lo vi se lo conté y lo pulso a caldo. Se pidieron unos primeros platos para compartir, como hemos hecho aquí, y en vez de servirse en su plato metió la cuchara dentro del plato de judías con chorizo, se la metió en boca, saco la lengua y rebaño la cuchara. Una vez acabada la faena, volvió a meter la cuchara en el plano para coger la segunda. El invitado y yo nos quedamos mirando y como es lógico el que se acabó el plato fue él. -Un cochino maleducado –dijo su padre -Yo en una ocasión para llamar a uno maleducado, sin darle ocasión a que me pudiese contestar le dije: “tu educación y la mía no es la misma” y me dijo: “me llamas maleducado”, le contesté: “no estoy comparando si tu educación o la mía, es mejor, lo que digo es son completamente opuestas” –dije. -No sabría qué contestarte – dijo Mariano -No. -Es lo que me falta a mí, -dijo Jacinto- no soy rápido en las contestaciones. -A todo esto, porque le llamáis el Palomitero. -Al parecer su padre que tenía un bar en un cine… -Si un ambigú –dije yo -Un ambi ¿qué? -Ambigú. A los bares de cines y teatros se les llama ambigú. -dijo Mariano -No me iré a la cama sin aprender una cosa nueva –continuo Jacinto- bueno, pues eso, que el niño, que ya estaba tan gordo como ahora, parece ser que se comía todas las palomitas que salían de la máquina. Después estuvo en unos ultramarinos y lo despidieron porque comía todo lo que pillaba. Entró en una gestoría de empresas, y se independizó cuando lo volvieron a echar. -¿Él sabía que tu tenías conocimiento de todo esto? –pregunte yo. -Algunas cosas sí que las sabía y otras me las han contado después. La apuesta de ahora es si se apuntará a unos seminarios que son pagando. A lo gratis va, a lo que hay que pagar, hay sus dudas. Bueno muchas cosas más, con comisiones por contratos y un largo etc. Necesitaríamos una cena, otra y…. Además te decía las cosas porque las oía o se las habían dicho, pero nunca delataba quienes eran. -Típico de gente cobarde que no se atreve a decir las cosas a la cara y se tiene que escudar en los demás para decirlas, eso sí, te las dice como si te hiciera un favor a ti. –Dije y continué- Mira Jacinto en Aragón tenemos un dicho: “El que te la chufla, es el que te la enchufa”. -No lo cojo -El que te cuenta algo escudándose en los demás, el que lo dice es él no los demás, que no dicen nada -Ahora sí que lo cojo. -Pues anda coge el chuletón que está de cine. Ya me contaras otro día más cosas, porque esto tiene que seguir. Por hoy ya vale.
© PLCF 2009
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013-El Palomitero
Con mi amigo Mariano  Conversando en libertad
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De pronto me llama Mariano y me dice: -¿Mañana nos vemos? -Pues no, –le dije yo- mañana me voy a Córdoba “La Sultana”. -Me voy contigo. Allí esta Jacinto, mi hijo, de trabajo. -También voy a trabajar. -Es igual me voy contigo. No lo veo hace tiempo y tengo ganas. Como vas. -En AVE, llama a Miguel y le dices que te vienes conmigo y que reserve en el mismo hotel y te saque el billete del AVE. Así lo hizo. Nos juntamos en el andén de la estación Delicias y cogimos el tren. Tardamos 2 horas 45 minutos, una pasada. Al darnos el periódico, en el vagón, Mariano leyó la siguiente noticia: “la aerofagia de las vacas destruye la capa de ozono”, “las vacas españolas son menos nocivas que las chinas”. A Mariano y a mi, poco nos falta para sacar punta aún lapicero, desde Zaragoza a Ciudad Real, las carcajadas se oían en todo el vagón. Y dijimos que volveríamos hablar al regreso. Al llegar me fui a trabajar y él a buscar a su hijo, después nos veríamos a cenar, en el restaurante “El Churrasco”, en plena judería. Al ver a Jacinto me alegre mucho, desde que era un crío no lo había visto, y era todo un ejecutivo. Hablamos de todo un poco hasta llegar al chuletón, donde espeto Mariano: -Háblale del Palomitero. -Papa no seas pesado, yo quiero olvidarme de él, y tú, erre con erre, que cuente cosas de ese ser tan desagradable. -Si no quieres contar nada no lo hagas –dije yo. -Si me da igual y menos a ti que durante tantos años te he llamado tío. Nada se llama Manel y es un maleducado, figurón y le gusta dar la nota. Además de un odio hacia mí descomunal. -De esos hay muchos. Algo le harías –le dije para pincharle. -Nada, absolutamente nada. Fíjate a los 15 días de que tomase posesión en la ejecutiva de la empresa, me llamo un miembro de un comité anterior, para decirme que en una reunión había manifestado Manel, “a ese lo echo yo cuando me salga de los c….”. Cuando entró montó un lío con las cuentas de mucho cuidado pensando que eso me perjudicaría. -La ignorancia es muy atrevida, –le dije. -Quería censarlo todo sin darse cuenta que a quienes censaba no era a mi sino al tesorero y al gestor contable que a su vez era el suyo personal, montando un mal rollito de mucho cuidado. Un día le dije: “Manel, no has dado el visto bueno a las facturas, hazlo para que seas responsable, el que las censa, lógicamente se responsabiliza”. A partir de entonces no firmo ninguna más. Mira la última, después de irse, de hace un par de meses. Había una reunión para establecer reparto de beneficios, etc., vino y se puso hacerse el remolón para ver si le invitaban a comer. Todos los consejeros esperando y él de un lado a otro dando conversación. Algunos hicieron apuestas, “que lo despacha el Presidente”, “que se queda”, “que pide el plato más caro y con más grasa”. Hasta que uno dijo “este hombre es como los osos, Yogui y Bu-bu, alrededor de los campistas, a ver si cae algo que comer”, “os acordáis de Yogui, lo que yo me reía con él” dijo otro, como las risas empezaron a ser sonoras se dio cuenta que eran para él y se fue. Para mí el mejor día de mi vida. -Siéntate en la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo -dije yo. -Un verdadero patán –dijo Mariano-. Cuéntale la comida con el delegado extranjero. -Estábamos organizando un encuentro internacional, Manel organizo la comida. Un desastre. A mí me dijo que no fuera y le dije que él no era nadie para que me dijese nada y que me lo tenía que decir el Presidente del Consejo. Cuando lo vi se lo conté y lo pulso a caldo. Se pidieron unos primeros platos para compartir, como hemos hecho aquí, y en vez de servirse en su plato metió la cuchara dentro del plato de judías con chorizo, se la metió en boca, saco la lengua y rebaño la cuchara. Una vez acabada la faena, volvió a meter la cuchara en el plano para coger la segunda. El invitado y yo nos quedamos mirando y como es lógico el que se acabó el plato fue él. -Un cochino maleducado –dijo su padre -Yo en una ocasión para llamar a uno maleducado, sin darle ocasión a que me pudiese contestar le dije: “tu educación y la mía no es la misma” y me dijo: “me llamas maleducado”, le contesté: “no estoy comparando si tu educación o la mía, es mejor, lo que digo es son completamente opuestas” –dije. -No sabría qué contestarte – dijo Mariano -No. -Es lo que me falta a mí, -dijo Jacinto- no soy rápido en las contestaciones. -A todo esto, porque le llamáis el Palomitero. -Al parecer su padre que tenía un bar en un cine… -Si un ambigú –dije yo -Un ambi ¿qué? -Ambigú. A los bares de cines y teatros se les llama ambigú. -dijo Mariano -No me iré a la cama sin aprender una cosa nueva –continuo Jacinto- bueno, pues eso, que el niño, que ya estaba tan gordo como ahora, parece ser que se comía todas las palomitas que salían de la máquina. Después estuvo en unos ultramarinos y lo despidieron porque comía todo lo que pillaba. Entró en una gestoría de empresas, y se independizó cuando lo volvieron a echar. -¿Él sabía que tu tenías conocimiento de todo esto? –pregunte yo. -Algunas cosas sí que las sabía y otras me las han contado después. La apuesta de ahora es si se apuntará a unos seminarios que son pagando. A lo gratis va, a lo que hay que pagar, hay sus dudas. Bueno muchas cosas más, con comisiones por contratos y un largo etc. Necesitaríamos una cena, otra y…. Además te decía las cosas porque las oía o se las habían dicho, pero nunca delataba quienes eran. -Típico de gente cobarde que no se atreve a decir las cosas a la cara y se tiene que escudar en los demás para decirlas, eso sí, te las dice como si te hiciera un favor a ti. –Dije y continué- Mira Jacinto en Aragón tenemos un dicho: “El que te la chufla, es el que te la enchufa”. -No lo cojo -El que te cuenta algo escudándose en los demás, el que lo dice es él no los demás, que no dicen nada -Ahora sí que lo cojo. -Pues anda coge el chuletón que está de cine. Ya me contaras otro día más cosas, porque esto tiene que seguir. Por hoy ya vale.
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