Con mi amigo Mariano  Conversando en libertad
Nos montamos en el AVE con destino a Zaragoza. Jacinto vino a despedirnos. Habíamos ido a trabajar y nos habíamos divertido mucho y comido los mejores chuletones. El tren venía de Málaga y proyectaban la película “Una verdad incómoda” del político norteamericano Al Gore, sobre el cambio climático. Mariano me dijo: -El otro día leí en la prensa que la culpa del cambio climático lo tienen los pedos de las vacas. -Hombre no digas tonterías. Cuando hablas con los cascos puestos no te das cuenta que subes el tono de la conversación. De pronto uno de los pasajeros que iba en los asientos de delante se dio la media vuelta y nos dijo: -Estamos muy interesados en esa conversación nos dejan que intervengamos. Mariano y yo nos miramos con extrañeza. Espere a que él contestase algo. Como no lo hacía dije anonadado. -No tenemos inconveniente. -Pues mire lo mejor es que se levanten del asiento, nosotros damos la vuelta a los nuestros y así hablamos mirándonos. -Pero eso no se puede hacer ¿no?. -Si hombre no pasa nada. -¿Y el revisor que dirá? -Que se fastidie. Nosotros pagamos pues nos sentamos como queremos. Así pues Mariano y yo nos levantamos, completamente agilipollados y los dos pasajeros de delante también. Le dieron a una palanca del lado del pasillo y con un clac estábamos los cuatro de tertulia. En el otro lado del pasillo una señora o señorita joven nos dijo. -Me llamo María y soy ecologista. ¿Puedo intervenir?. -Pues sí. Podemos hacer un debate sobre algo tan importante como los aires estomacales de las vacas. -No se crea pero razón hay para estar preocupados. -Dijo María -Me llamo Luis y mi compañero Pepe -Encantados –dijo Mariano-. De qué hablamos. Cuando Luis iba hablar se acerca el revisor y nos dice: -Estos asientos están mal debe de ir hacia la marcha. -Ya, es que los hemos cambiado –dijo Pepe- es que vamos hablar sobre los pedos de las vacas. -Ah muy interesante, ahora vengo y hablamos todos. –dijo el revisor. Yo estaba aturdido ¿Cómo era posible lo que estaba viviendo?. Así pues todos presentados. Luis comenzó: -La primera vez que supe de las flatulencias bovinas de Nueva Zelanda me pareció de coña; tuve de ir a ese país, recorrérmelo y tengo mis dudas de si será posible o no lo que se dice de los pedos de sus vacas. En Nueva Zelanda hay más de 10 millones de vacas, 40 millones de ovejas, un par de millones de ciervos y gamos y varias decenas de miles de llamas y alpacas. El problema es que su digestión origina enormes cantidades de gases que, como es natural, los animalitos expelen sin la menor discreción. -Al parecer –dijo Pepe- una vaca expulsa entre 90 y 100 kilos de metano al año, las mismas emisiones que produce un coche que circula 1.000 kilómetros. -El resultado final no es ninguna broma: según los cálculos del gobierno neozelandés, la suma de tan enorme cantidad gasística supone más del 40 por ciento de las emisiones de su país que inciden en el calentamiento terrestre. -Hay un invento alemán –dijo María- que puede ser la solución. Científicos de la Universidad de Hohenheim, han fabricado unas pastillas vegetales que transforman el metano del interior de las tripas de vaca en glucosa. -¿Y no se harán diabéticas? – Dije yo -No porque las vacas disuelven muy bien el azúcar Pensé para mis adentros: podría ser vaca y controlar mi diabetes. En ese momento llego el revisor diciendo: -¿Me he perdido algo interesante? Mariano se puso serio y dije para mis adentros lo que va a soltar va ser sonado. -Estoy patidifuso. El caso es que las vacas (supongo que los bueyes y toretes también) cuando tiran pedos producen metano, o sea de esos gases que son perjudiciales para la atmósfera. Lo que he leído es que el gas metano se puede usar como carburante para coches, y que con el gas que producen diez vacas al año un coche puede andar 9.000 kilómetros, más o menos lo que anda en un año. ¿Por qué no recogemos ese gas para que anden los coches?, siempre que creamos que lo dicho es la verdad y nada más que la verdad. Pero aquí viene la cuestión importante, que es el cómo recoger el gas que sueltan las vacas al tirarse un pedo. -Un amigo mío me dio la solución. –Dije yo. -¿A qué se dedica su amigo? –dijo Luis -Es pensante –precise-. Me dijo que había estudiado como recoger sus propios pedos y que la única forma era dentro de la bañera. -¿Cómo?. -Dijeron los cinco a coro -Te sientas en la bañera. Coges una bolsa de plástico y la sumerges un poco. Sacas el aire que queda y pones la boca de la bolsa abierta que coja la mayor parte de superficie. Te tiras un pedo y notas como va subiendo primero entre los glúteos, después en los testículos y pene hasta que sale a la superficie. Pero esa superficie es la bolsa. Y ya tienes agarrado el pedo. La cierras con cuidado y como el metano es menos denso que el aire, este se queda en lo alto de la bolsa. La cierras y ya tienes el metano controlado. -Estoy impresionado –dijo el revisor- esta noche lo pruebo -Me imagino que para la mujer también servirá –dijo María. -Seguro que sí. Ya tenemos una bolsa con gas. –Dijo Mariano- A continuación ese gas habría que llevarle a un depósito de gas metano y almacenarlo. Luego se podría comprimir el gas y llevarlo en botellas tipo butano a las gasolineras, donde se venderían a los dueños de cochecitos para que pudiesen circular. -Ahora bien ¿cuántos pedos suelta una vaca al día? –Dijo Pepe- ¿la suelta también de noche? ¿Habría que pagar horas nocturnas a quienes recogiesen los pedos? Porque estas cuestiones deben ser matizadas: el pedo de la vaca puede ser una fuente de energía, pero el recoge pedos tiene un costo económico. Habría que hacer turnos, tener en cuenta las vacaciones, las horas extras, las nocturnas, la peligrosidad de que a la vez que suelten un pedo puedan dar una patada a quien esté detrás. O sea, que no es fácil el tema, y a lo mejor no resulta económico. -Me parece interesante pero no estoy de acuerdo. –Dijo el revisor- Lo más indignante es que una de las razones que los culpables y sus cómplices han aducido para justificar un recalentamiento atmosférico del que son responsables sería la emisión del venenoso CH4 (metano) que acompaña al meteorismo vacuno. Para entendernos: que la culpa de lo que pasa es de los pedos de las vacas. Nos lo tomaríamos a broma si no se tratara de una auténtica burla. Quieren reírse de nosotros de la forma más naif y encuentran quien se hace eco de su tomadura de pelo. Pues no, señores. -El efecto invernadero natural ha permitido que durante millones de años se desarrolle vida en la Tierra: los gases invernadero mantienen el calor del sol en la superficie terrestre y ayudan a la evaporación del agua que forma las nubes, las cuales, a su vez, la devuelven en forma de lluvia. Este es el ciclo natural que ha mantenido en la Tierra una temperatura media relativamente estable, con las plantas y el suelo absorbiendo el dióxido de carbono necesario para mantener la cantidad justa de gases invernadero. –Dije yo. -Actualmente, la causa principal de las concentraciones excesivas de gases invernadero que contaminan el 80% de la atmósfera es la indiscriminada quema de combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo y el gas natural, utilizados para la generación de energía. –Dijo María- Poco que ver con los pedos de las vacas. El Convenio del Clima y su Protocolo de Kioto vinieron a ocuparse del asunto. Los gases de efecto invernadero contemplados para su reducción fueron dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), así como tres tipos de gases industriales fluorados: hidrofluocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6). Como era de esperar, tampoco han hecho el más mínimo caso a Klaus Topfer, director del PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), que instó a los países de la OMC (Organización Mundial del Comercio) a que discutieran recientemente en Cancún las prácticas que más influyen en el cambio climático, como es el uso de fuentes de energía no renovables. "Hay una intensa interrelación entre comercio, liberalización y medio ambiente", afirma Topfer. Las pobres vacas, pues, no aparecen por ningún lado. Estarán en el matadero y, muertas de miedo, puede que se tiren algún pedo. -Estamos llegando a Zaragoza. Ya perdonarán ha sido un viaje muy interesante pero nos quedamos aquí. -Nos intercambiamos unas tarjetas. -Buen vale. Tras el intercambio el tren llega a Zaragoza Delicias. Nos bajamos del tren y en la primera papelera allí que van las tarjetas. Ni siquiera nos miramos Mariano y yo. Nos da la risa.
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014-Los pedos de las vacas
Con mi amigo Mariano  Conversando en libertad
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Nos montamos en el AVE con destino a Zaragoza. Jacinto vino a despedirnos. Habíamos ido a trabajar y nos habíamos divertido mucho y comido los mejores chuletones. El tren venía de Málaga y proyectaban la película “Una verdad incómoda” del político norteamericano Al Gore, sobre el cambio climático. Mariano me dijo: -El otro día leí en la prensa que la culpa del cambio climático lo tienen los pedos de las vacas. -Hombre no digas tonterías. Cuando hablas con los cascos puestos no te das cuenta que subes el tono de la conversación. De pronto uno de los pasajeros que iba en los asientos de delante se dio la media vuelta y nos dijo: -Estamos muy interesados en esa conversación nos dejan que intervengamos. Mariano y yo nos miramos con extrañeza. Espere a que él contestase algo. Como no lo hacía dije anonadado. -No tenemos inconveniente. -Pues mire lo mejor es que se levanten del asiento, nosotros damos la vuelta a los nuestros y así hablamos mirándonos. -Pero eso no se puede hacer ¿no?. -Si hombre no pasa nada. -¿Y el revisor que dirá? -Que se fastidie. Nosotros pagamos pues nos sentamos como queremos. Así pues Mariano y yo nos levantamos, completamente agilipollados y los dos pasajeros de delante también. Le dieron a una palanca del lado del pasillo y con un clac estábamos los cuatro de tertulia. En el otro lado del pasillo una señora o señorita joven nos dijo. -Me llamo María y soy ecologista. ¿Puedo intervenir?. -Pues sí. Podemos hacer un debate sobre algo tan importante como los aires estomacales de las vacas. -No se crea pero razón hay para estar preocupados. -Dijo María -Me llamo Luis y mi compañero Pepe -Encantados –dijo Mariano-. De qué hablamos. Cuando Luis iba hablar se acerca el revisor y nos dice: -Estos asientos están mal debe de ir hacia la marcha. -Ya, es que los hemos cambiado –dijo Pepe- es que vamos hablar sobre los pedos de las vacas. -Ah muy interesante, ahora vengo y hablamos todos. –dijo el revisor. Yo estaba aturdido ¿Cómo era posible lo que estaba viviendo?. Así pues todos presentados. Luis comenzó: -La primera vez que supe de las flatulencias bovinas de Nueva Zelanda me pareció de coña; tuve de ir a ese país, recorrérmelo y tengo mis dudas de si será posible o no lo que se dice de los pedos de sus vacas. En Nueva Zelanda hay más de 10 millones de vacas, 40 millones de ovejas, un par de millones de ciervos y gamos y varias decenas de miles de llamas y alpacas. El problema es que su digestión origina enormes cantidades de gases que, como es natural, los animalitos expelen sin la menor discreción. -Al parecer –dijo Pepe- una vaca expulsa entre 90 y 100 kilos de metano al año, las mismas emisiones que produce un coche que circula 1.000 kilómetros. -El resultado final no es ninguna broma: según los cálculos del gobierno neozelandés, la suma de tan enorme cantidad gasística supone más del 40 por ciento de las emisiones de su país que inciden en el calentamiento terrestre. -Hay un invento alemán –dijo María- que puede ser la solución. Científicos de la Universidad de Hohenheim, han fabricado unas pastillas vegetales que transforman el metano del interior de las tripas de vaca en glucosa. -¿Y no se harán diabéticas? – Dije yo -No porque las vacas disuelven muy bien el azúcar Pensé para mis adentros: podría ser vaca y controlar mi diabetes. En ese momento llego el revisor diciendo: -¿Me he perdido algo interesante? Mariano se puso serio y dije para mis adentros lo que va a soltar va ser sonado. -Estoy patidifuso. El caso es que las vacas (supongo que los bueyes y toretes también) cuando tiran pedos producen metano, o sea de esos gases que son perjudiciales para la atmósfera. Lo que he leído es que el gas metano se puede usar como carburante para coches, y que con el gas que producen diez vacas al año un coche puede andar 9.000 kilómetros, más o menos lo que anda en un año. ¿Por qué no recogemos ese gas para que anden los coches?, siempre que creamos que lo dicho es la verdad y nada más que la verdad. Pero aquí viene la cuestión importante, que es el cómo recoger el gas que sueltan las vacas al tirarse un pedo. -Un amigo mío me dio la solución. –Dije yo. -¿A qué se dedica su amigo? –dijo Luis -Es pensante –precise-. Me dijo que había estudiado como recoger sus propios pedos y que la única forma era dentro de la bañera. -¿Cómo?. -Dijeron los cinco a coro -Te sientas en la bañera. Coges una bolsa de plástico y la sumerges un poco. Sacas el aire que queda y pones la boca de la bolsa abierta que coja la mayor parte de superficie. Te tiras un pedo y notas como va subiendo primero entre los glúteos, después en los testículos y pene hasta que sale a la superficie. Pero esa superficie es la bolsa. Y ya tienes agarrado el pedo. La cierras con cuidado y como el metano es menos denso que el aire, este se queda en lo alto de la bolsa. La cierras y ya tienes el metano controlado. -Estoy impresionado –dijo el revisor- esta noche lo pruebo -Me imagino que para la mujer también servirá –dijo María. -Seguro que sí. Ya tenemos una bolsa con gas. –Dijo Mariano- A continuación ese gas habría que llevarle a un depósito de gas metano y almacenarlo. Luego se podría comprimir el gas y llevarlo en botellas tipo butano a las gasolineras, donde se venderían a los dueños de cochecitos para que pudiesen circular. -Ahora bien ¿cuántos pedos suelta una vaca al día? –Dijo Pepe- ¿la suelta también de noche? ¿Habría que pagar horas nocturnas a quienes recogiesen los pedos? Porque estas cuestiones deben ser matizadas: el pedo de la vaca puede ser una fuente de energía, pero el recoge pedos tiene un costo económico. Habría que hacer turnos, tener en cuenta las vacaciones, las horas extras, las nocturnas, la peligrosidad de que a la vez que suelten un pedo puedan dar una patada a quien esté detrás. O sea, que no es fácil el tema, y a lo mejor no resulta económico. -Me parece interesante pero no estoy de acuerdo. –Dijo el revisor- Lo más indignante es que una de las razones que los culpables y sus cómplices han aducido para justificar un recalentamiento atmosférico del que son responsables sería la emisión del venenoso CH4 (metano) que acompaña al meteorismo vacuno. Para entendernos: que la culpa de lo que pasa es de los pedos de las vacas. Nos lo tomaríamos a broma si no se tratara de una auténtica burla. Quieren reírse de nosotros de la forma más naif y encuentran quien se hace eco de su tomadura de pelo. Pues no, señores. -El efecto invernadero natural ha permitido que durante millones de años se desarrolle vida en la Tierra: los gases invernadero mantienen el calor del sol en la superficie terrestre y ayudan a la evaporación del agua que forma las nubes, las cuales, a su vez, la devuelven en forma de lluvia. Este es el ciclo natural que ha mantenido en la Tierra una temperatura media relativamente estable, con las plantas y el suelo absorbiendo el dióxido de carbono necesario para mantener la cantidad justa de gases invernadero. –Dije yo. -Actualmente, la causa principal de las concentraciones excesivas de gases invernadero que contaminan el 80% de la atmósfera es la indiscriminada quema de combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo y el gas natural, utilizados para la generación de energía. –Dijo María- Poco que ver con los pedos de las vacas. El Convenio del Clima y su Protocolo de Kioto vinieron a ocuparse del asunto. Los gases de efecto invernadero contemplados para su reducción fueron dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), así como tres tipos de gases industriales fluorados: hidrofluocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6). Como era de esperar, tampoco han hecho el más mínimo caso a Klaus Topfer, director del PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), que instó a los países de la OMC (Organización Mundial del Comercio) a que discutieran recientemente en Cancún las prácticas que más influyen en el cambio climático, como es el uso de fuentes de energía no renovables. "Hay una intensa interrelación entre comercio, liberalización y medio ambiente", afirma Topfer. Las pobres vacas, pues, no aparecen por ningún lado. Estarán en el matadero y, muertas de miedo, puede que se tiren algún pedo. -Estamos llegando a Zaragoza. Ya perdonarán ha sido un viaje muy interesante pero nos quedamos aquí. -Nos intercambiamos unas tarjetas. -Buen vale. Tras el intercambio el tren llega a Zaragoza Delicias. Nos bajamos del tren y en la primera papelera allí que van las tarjetas. Ni siquiera nos miramos Mariano y yo. Nos da la risa.
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