Con mi amigo Mariano  Conversando en libertad
Había quedado con Mariano a comer. Hacía tiempo que no almorzábamos entre semana. Tanto él como yo tenemos pocas horas, al mediodía, para comer. Habíamos quedado en la “Antigua”, una cafetería con un salón para almuerzos. Los dos pedimos el menú del día. Mariano estaba como contrariado y le pregunte: -¿Te pasa algo?. -La gente cada día está más endiosada. -¿Por qué lo dices? -No te has dado cuenta. Nadie tiene la culpa de nada. La culpa es de los demás. Si se equivocan o hacen las cosas mal no es culpa suya, la culpa es del sistema o de la sociedad, son como dioses, no tienen la culpa de nada. -Ni que lo digas –dije yo-. No hace mucho me paso, que una persona, me tenían que enviar unos formularios por Internet, pues bien en uno de los campos tenía que elegir entre varias opciones, y puso una errónea. Nadie se hubiese enterado de su error, me mando un e-mail con copia a un montón de gente más, diciendo que no era la culpa suya sino del formulario que funcionaba mal. Cuando le dices y le demuestras que funciona bien, le echas las culpas al ratón, es cuando viene la idiotez y le tienes que decir los cientos que lo han mandado bien y no han tenido problemas. Entonces se calla pero la relación ya no es la misma. -Eso es lo que quiero decir la culpa es de los demás nunca suya. Pasa en la política, en la religión, en la vida cotidiana, en los hijos y los padres, en los padres y sus hijos, entre los amigos. Siempre, siempre hay que tener razón. Cuesta a los humanos el decir me he equivocado. No la culpa es del prójimo. -Es que piensan que son primos de algún dios o algo parecido. Siempre quieren tener la razón, están dispuestos a criticar a los demás, pero no son capaces de aguantar lo que les dicen y entonces cambian de conversación, o lo que es peor aquellos que te insinúan muchas cosas, pero que no te las dicen porque te enfadarás, se creen el ombligo del mundo y viene inexorablemente la falta de respeto hacia los demás. -Es que si eres una persona dispuesta a servir a los demás a trabajar por ellos, organizando cosas y alguna vez fallas, te equivocas o te niegas hacerlo, te llueven las críticas. -Porque falta respeto. El respeto y la educación es la base indispensable para una convivencia humana. Y no solo eso, sino también aquellos que te exigen que hagas lo que ellos son incapaces de hacer contigo o te reprochan algo, que algunas veces, se basan en mentiras. -También a esos hay que echarlos a comer aparte. El otro día –dijo Mariano- uno me dijo: “no me llamas nunca” y le conteste “el mismo tiempo que hace que tú no me llamas”. -Muy bueno, que te dijo. -Le supo muy malo. Al parecer era yo el que le debía de llamar, él tomaba el té con algún dios y no podía rebajarse a llamarme. -No si además tienen ínsulas. -Si Baratarias. -Una vez uno decidió dejar la “amistad” que tenía conmigo basándose en una mentira. Como excusa decía que yo no le había llamado para aclarar aquello que era falso o que alguien, injuriando y falseando, le había dicho. Él tampoco me había llamado para aclararlo, sin embargo juzgó y sentenció que yo era culpable de algo que no había dicho, y menos a esa persona con la que, sin él, no había estado, por lo que era imposible que le hubiese hablado de nada. -Déjalo pasar al fin y al cabo gente así es gentuza. Sigue como eres y allá cada uno con su conciencia, si es que la tienen. -Aquí no se come mal. -No está bien.
© PLCF 2010
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024-Los primos de algún dios
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Había quedado con Mariano a comer. Hacía tiempo que no almorzábamos entre semana. Tanto él como yo tenemos pocas horas, al mediodía, para comer. Habíamos quedado en la “Antigua”, una cafetería con un salón para almuerzos. Los dos pedimos el menú del día. Mariano estaba como contrariado y le pregunte: -¿Te pasa algo?. -La gente cada día está más endiosada. -¿Por qué lo dices? -No te has dado cuenta. Nadie tiene la culpa de nada. La culpa es de los demás. Si se equivocan o hacen las cosas mal no es culpa suya, la culpa es del sistema o de la sociedad, son como dioses, no tienen la culpa de nada. -Ni que lo digas –dije yo-. No hace mucho me paso, que una persona, me tenían que enviar unos formularios por Internet, pues bien en uno de los campos tenía que elegir entre varias opciones, y puso una errónea. Nadie se hubiese enterado de su error, me mando un e-mail con copia a un montón de gente más, diciendo que no era la culpa suya sino del formulario que funcionaba mal. Cuando le dices y le demuestras que funciona bien, le echas las culpas al ratón, es cuando viene la idiotez y le tienes que decir los cientos que lo han mandado bien y no han tenido problemas. Entonces se calla pero la relación ya no es la misma. -Eso es lo que quiero decir la culpa es de los demás nunca suya. Pasa en la política, en la religión, en la vida cotidiana, en los hijos y los padres, en los padres y sus hijos, entre los amigos. Siempre, siempre hay que tener razón. Cuesta a los humanos el decir me he equivocado. No la culpa es del prójimo. -Es que piensan que son primos de algún dios o algo parecido. Siempre quieren tener la razón, están dispuestos a criticar a los demás, pero no son capaces de aguantar lo que les dicen y entonces cambian de conversación, o lo que es peor aquellos que te insinúan muchas cosas, pero que no te las dicen porque te enfadarás, se creen el ombligo del mundo y viene inexorablemente la falta de respeto hacia los demás. -Es que si eres una persona dispuesta a servir a los demás a trabajar por ellos, organizando cosas y alguna vez fallas, te equivocas o te niegas hacerlo, te llueven las críticas. -Porque falta respeto. El respeto y la educación es la base indispensable para una convivencia humana. Y no solo eso, sino también aquellos que te exigen que hagas lo que ellos son incapaces de hacer contigo o te reprochan algo, que algunas veces, se basan en mentiras. -También a esos hay que echarlos a comer aparte. El otro día –dijo Mariano- uno me dijo: “no me llamas nunca” y le conteste “el mismo tiempo que hace que tú no me llamas”. -Muy bueno, que te dijo. -Le supo muy malo. Al parecer era yo el que le debía de llamar, él tomaba el té con algún dios y no podía rebajarse a llamarme. -No si además tienen ínsulas. -Si Baratarias. -Una vez uno decidió dejar la “amistad” que tenía conmigo basándose en una mentira. Como excusa decía que yo no le había llamado para aclarar aquello que era falso o que alguien, injuriando y falseando, le había dicho. Él tampoco me había llamado para aclararlo, sin embargo juzgó y sentenció que yo era culpable de algo que no había dicho, y menos a esa persona con la que, sin él, no había estado, por lo que era imposible que le hubiese hablado de nada. -Déjalo pasar al fin y al cabo gente así es gentuza. Sigue como eres y allá cada uno con su conciencia, si es que la tienen. -Aquí no se come mal. -No está bien.
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