Había quedado con Mariano y decidimos echar andar. Tanto a él como a mí nos había aconsejado el
médico que lo mejor para nuestra salud era, hacer el ejercicio moderado de, andar, como mínimo,
una hora diaria. Así pues comenzamos andar sin un rumbo fijo. Llegamos a un barrio con calles que
no habíamos pisado nunca. De pronto Mariano me dice:
-Vamos a entrar en esos almacenes porque tengo que comprarme calcetines, ya que la señora que
viene hacerme la casa dice que no tengo un par sin tomates.
Así lo hicimos. Entramos en esos grandes almacenes con un nombre, extranjero, impronunciable y
nos dirigimos al departamento de ropa. El de señoras y el de hombres estaban juntos, separados
por unos porta-colgadores con ropa femenina.
Una señora desagradable, fea, medio calva, ácida, con mala leche, cara rencorosa entra en la
sección con sus dos niños. Les grita, insulta, regaña, estruja y tironea sin parar. Se va hacia la ropa
de interior femenina y comienza a ver braguitas tanga y sostenes trasparentes minúsculos. Los
niños se dan media vuelta y se dedican a perseguirse uno tras el otro. Toda la tienda se queda
mirando tan espeluznante espectáculo. La madre cada vez más enfrascada en tus tangas,
mirándolos al tras luz. A mi lado había dos jóvenes intentado comprar unos
vaqueros, estaban con la boca abierta viendo a la señora como miraba la ropa
interior tan pequeña. En esto los niños tropiezan y uno de los percheros de
separación de las secciones de hombres y señoras que va al suelo. Con un
estruendo que dejo la tienda sin que se oyese una mosca. Hasta el hilo musical
se apagó. Enseguida dos dependientas acudieron a recoger semejante
estropicio. La madre sin inmutarse, como si el mundo no fuese para ella, seguía
en su quehacer. Los niños avergonzados corrieron al lado de la madre y se
quedaron quietos.
El segurata, 1,90 metros de alto por 1 metro de hombro a hombro, con camisa de manga corta, dos
tallas menores para su envergadura, pantalones ajustados marcando paquete, con unos músculos
súper cuidados en el gimnasio, con todo tipo de esteroides, se dirige amablemente a ella y le dice: -
¡Buenos días señora, bienvenida a nuestra tienda! Tiene usted dos hermosos niños, ¿son
gemelos?. La malvada señora deja un momento de mirar la ropa interior y con una mirada entre
agria y burlona responde al segurata: -¡Por supuesto que no! El mayor tiene 9 años y el otro 5.
¿De dónde coño saca usted que podrían ser gemelos? ¿Es usted ciego o estúpido?.
Responde el segurata: -No señora, no soy ni ciego, ni estúpido... ¡simplemente no puedo creer
que a usted se la hayan follado dos veces!.
A la señora se le concentro toda la sangre en la cara. Cogió a sus hijos, a uno del pelo y al otro del
cuello y se fue de la tienda amenazando que esto no se quedaría así y que volvería.
Mariano había elegido su docena de pares de calcetines y se dirigió a la caja. Cuando estaba
pagando se acercó el segurata con cara de ¡mirar lo que he hecho!. Mariano se dirigió a él.
-Si me permite, un consejo, le diré que dentro de poco tiempo dirigirse a una señora así, aunque se
lo merezca, le podrán caer unos 20 años de cárcel. Más que si fuese terrorista. Será más castigado
que le acusen de machista que de matar a otro.
Mariano se volvió y salió a la calle. Yo le seguí. Por un espejo que había a la salida me fije que el
segurata estaba con la boca abierta y completamente atónito, como diciéndose así mismo ¿Quién
es este osado que se atreve a dirigirme la palabra, sin autorizárselo yo?.
Al cabo de un rato, y cuando mi cabeza la había puesto en su sitio, le pregunte a Mariano:
-¿A qué ha venido esto?
-La señora, ni es señora, ni es madre, ni es nada, es maleducada, grosera y estúpida. Que no sabe
educar a sus hijos y el segurata un chulo indecente, machista de gimnasio. Si se entera la Ministro,
doña Bibiana, saca una Ley de 20 años por machismo.
-Será la Ministra Aído. –dije corrigiéndolo
Me miro con cara de pocos amigos y me dijo:
-A que miembra no existe. Pues Ministra tampoco. Señora Ministro y se acabó.
Yo estaba seguro que ministra sí que existe, pero ya no le respondí por si acaso. Seguimos
andando y quedamos que hablaríamos de la Bibiana otro día.
© PLCF 2010
025-Educar a los hijos