Con mi amigo Mariano  Conversando en libertad
Llame a Mariano y le dije: -Mariano, ¿ya tienes un sitio para comer “irasco al horno”?. -Sí, ¿cuándo vamos? -¿Te viene bien mañana?. ¿Dónde has pensado?. -¿Te acuerdas de Luis del colegio?. -No. ¿Qué Luis? -Hombre aquél que se quedó en calzoncillos en clase y dejo al Hermano Gonzalo con la boca abierta. -Sí, lo recuerdo. ¿Tiene un restaurante? -Sí, lo monto con su hijo. El hijo es cocinero, fue pinche en un restaurante vasco de tres estrellas Michelin y Luis es el maître. Tiene una carta muy complicada pero la comida está bien. -Vale. ¿Cómo quedamos?. -Mañana te llamo y te paso a recoger. -Vale, hasta mañana. Así ocurrió. Paso a buscarme y fuimos al local. Luis nos esperaba. Nos dimos un fuerte abrazo y dijimos las paridas de esos momentos: “No te pasan los años”. “Que bien estas”. “Parece que eres más viejo”. “Pues tienes los mismo años que yo”. “Estas muy gordo”… y un largo etc. Nos presentó a su hijo Luisito. Y nos dio la carta. La verdad es que era rara. Complicado saber lo que contenían los platos por los nombres tan diversos que tenían. Sin embargo había dos que estaban clarísimos: “costillas de cabrito” y “cabrito al horno”. Al leerlo dije: -¡Esto lo entiendo!. -Llama a tu hijo –dijo Mariano-. Luis llamo a Luisito y Mariano muy serio como suele ponerse en los momentos formales, como profesional del Derecho, le dice: -Al cabrito le puedes llamar irasco. Porque irasco y cabrito es lo mismo. -Según la Real Academia de España –dije yo- cabrón, en una de sus acepciones, te dice “macho de la cabra”. Si buscas “irasco”, te vuelve a decir “macho de la cabra”. Por lo tanto cabrón e irasco son sinónimos, puesto que significan lo mismo. Si buscas irasko, en euskera, te pondrá "cabrón o cabrito joven capado". Haz caso a Mariano y si al cabrito le denominas irasco, ese interés que tienes a que los comensales te pregunten ¿esto que es?, lo conseguirás, ya que “irasco” es poco usado, aunque en regiones de Aragón, cercanas al norte de Navarra, en Tellerda en Huesca y en gran parte de Hispanoamérica se utiliza con mayor asiduidad. -Me gusta. Adjudicado –dijo Luisito- Comimos unas deliciosas viandas. Hablamos cosas intrascendentes. Nos quedamos solos en el restaurante, con los cafés en la mesa y una copa de champán francés, Mariano me dice: -Bueno ahora di el motivo de esta comida. -Como ya estamos solos, Luis y Luisito, sentaros con nosotros. Quizás os interese conocer el motivo de este almuerzo. “Hace ya un año recibí una llamada del Diablo, para decirme que ya no era amigo mío. Como comprenderéis mi alegría fue infinita, pensar que el maligno no me quiere, para una persona creyente como yo, es lo máximo. Estoy seguro de no caer en sus garras cuando sea llamado al otro mundo.” -Eres un cachondo. Ahora caigo porque lo dices. Una pregunta ¿era su voz femenina o masculina?.- Dijo Mariano con maleficencia- -Como buen Diablo su voz era aguda como de mujer, pero a su vez bronca como de haber tomado abundante cazalla. Como se sabe desde la edad media, así consta en la historia del arte, al Diablo, Ángel caído en la maldad por compararse con Dios y adorado por brujas en todos los tiempos, se le representa a través de una cabra o cabrón con cuerpo humano, pechos de mujer, pene de hombre, piernas y brazos son patas de cabra, cabeza y cuernos de cabrón. Un cuadro muy popular sobre lo que estoy diciendo es de nuestro paisano Francisco de Goya y Lucientes, “el Aquelarre”. Sobre la sexualidad de mi diablo particular yo diría que asexuado, es decir sin sexo. -Aquelarre en vasco “prado del macho cabrío” –dijo Luisito-. Además la “queimada” cuando se hace con el conjuro es para alejar de los presentes al Diablo, a las brujas y los malos espíritus. -Mi hijo de cocina sabe mucho. Tuvo buenos maestros. ¿Pero de verdad hubo esa llamada? –Dijo Luis- -Si naturalmente –manifestó Mariano-. Lo que pasa es que lo cuenta con cierta literatura. Ahora entiendo que quisiera celebrarlo con un buen “irasco al horno” -Ya lo tengo pondremos en la carta “irasco al horno, estilo….” y el nombre de tu Diablo –dijo Luisito. -Ni se te ocurra. Pon “irasco al horno” y punto –dije yo-, sería un honor inmerecido. Lo que si os pediría que un día vinieses a mi casa e hicieras tu receta, porque esta buenísima, y ponerla en mi blog de recetas de cocina. -¿Tienes un blog de recetas? –Dijo Luis- -Si aquí donde lo tienes aparte de no hablarse con el Diablo, cocina como los Ángeles.-Dijo Mariano- Estuvimos un buen rato, casi toda la tarde. Recordando el colegio, los castigos, los calzoncillos, los hermanos, los compañeros…. Me puse al corriente de mucha gente que ni me acordaba. En fin una buena tarde. Feliz porque el Diablo no desee ser mí amigo, aunque el consejo de mi padre era “siempre que hay que tener amigos ¡hasta en el Infierno!”.
© PLCF 2010
Home Lab. culinario Arte gastronómico Fotos viajes
027-Irasco al horno
Con mi amigo Mariano  Conversando en libertad
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Llame a Mariano y le dije: -Mariano, ¿ya tienes un sitio para comer “irasco al horno”?. -Sí, ¿cuándo vamos? -¿Te viene bien mañana?. ¿Dónde has pensado?. -¿Te acuerdas de Luis del colegio?. -No. ¿Qué Luis? -Hombre aquél que se quedó en calzoncillos en clase y dejo al Hermano Gonzalo con la boca abierta. -Sí, lo recuerdo. ¿Tiene un restaurante? -Sí, lo monto con su hijo. El hijo es cocinero, fue pinche en un restaurante vasco de tres estrellas Michelin y Luis es el maître. Tiene una carta muy complicada pero la comida está bien. -Vale. ¿Cómo quedamos?. -Mañana te llamo y te paso a recoger. -Vale, hasta mañana. Así ocurrió. Paso a buscarme y fuimos al local. Luis nos esperaba. Nos dimos un fuerte abrazo y dijimos las paridas de esos momentos: “No te pasan los años”. “Que bien estas”. “Parece que eres más viejo”. “Pues tienes los mismo años que yo”. “Estas muy gordo”… y un largo etc. Nos presentó a su hijo Luisito. Y nos dio la carta. La verdad es que era rara. Complicado saber lo que contenían los platos por los nombres tan diversos que tenían. Sin embargo había dos que estaban clarísimos: “costillas de cabrito” y “cabrito al horno”. Al leerlo dije: -¡Esto lo entiendo!. -Llama a tu hijo –dijo Mariano-. Luis llamo a Luisito y Mariano muy serio como suele ponerse en los momentos formales, como profesional del Derecho, le dice: -Al cabrito le puedes llamar irasco. Porque irasco y cabrito es lo mismo. -Según la Real Academia de España –dije yo- cabrón, en una de sus acepciones, te dice “macho de la cabra”. Si buscas “irasco”, te vuelve a decir “macho de la cabra”. Por lo tanto cabrón e irasco son sinónimos, puesto que significan lo mismo. Si buscas irasko, en euskera, te pondrá "cabrón o cabrito joven capado". Haz caso a Mariano y si al cabrito le denominas irasco, ese interés que tienes a que los comensales te pregunten ¿esto que es?, lo conseguirás, ya que “irasco” es poco usado, aunque en regiones de Aragón, cercanas al norte de Navarra, en Tellerda en Huesca y en gran parte de Hispanoamérica se utiliza con mayor asiduidad. -Me gusta. Adjudicado –dijo Luisito- Comimos unas deliciosas viandas. Hablamos cosas intrascendentes. Nos quedamos solos en el restaurante, con los cafés en la mesa y una copa de champán francés, Mariano me dice: -Bueno ahora di el motivo de esta comida. -Como ya estamos solos, Luis y Luisito, sentaros con nosotros. Quizás os interese conocer el motivo de este almuerzo. “Hace ya un año recibí una llamada del Diablo, para decirme que ya no era amigo mío. Como comprenderéis mi alegría fue infinita, pensar que el maligno no me quiere, para una persona creyente como yo, es lo máximo. Estoy seguro de no caer en sus garras cuando sea llamado al otro mundo.” -Eres un cachondo. Ahora caigo porque lo dices. Una pregunta ¿era su voz femenina o masculina?.-Dijo Mariano con maleficencia- -Como buen Diablo su voz era aguda como de mujer, pero a su vez bronca como de haber tomado abundante cazalla. Como se sabe desde la edad media, así consta en la historia del arte, al Diablo, Ángel caído en la maldad por compararse con Dios y adorado por brujas en todos los tiempos, se le representa a través de una cabra o cabrón con cuerpo humano, pechos de mujer, pene de hombre, piernas y brazos son patas de cabra, cabeza y cuernos de cabrón. Un cuadro muy popular sobre lo que estoy diciendo es de nuestro paisano Francisco de Goya y Lucientes, “el Aquelarre”. Sobre la sexualidad de mi diablo particular yo diría que asexuado, es decir sin sexo. -Aquelarre en vasco “prado del macho cabrío” –dijo Luisito-. Además la “queimada” cuando se hace con el conjuro es para alejar de los presentes al Diablo, a las brujas y los malos espíritus. -Mi hijo de cocina sabe mucho. Tuvo buenos maestros. ¿Pero de verdad hubo esa llamada? –Dijo Luis- -Si naturalmente –manifestó Mariano-. Lo que pasa es que lo cuenta con cierta literatura. Ahora entiendo que quisiera celebrarlo con un buen “irasco al horno” -Ya lo tengo pondremos en la carta “irasco al horno, estilo….” y el nombre de tu Diablo –dijo Luisito. -Ni se te ocurra. Pon “irasco al horno” y punto –dije yo-, sería un honor inmerecido. Lo que si os pediría que un día vinieses a mi casa e hicieras tu receta, porque esta buenísima, y ponerla en mi blog de recetas de cocina. -¿Tienes un blog de recetas? –Dijo Luis- -Si aquí donde lo tienes aparte de no hablarse con el Diablo, cocina como los Ángeles.-Dijo Mariano- Estuvimos un buen rato, casi toda la tarde. Recordando el colegio, los castigos, los calzoncillos, los hermanos, los compañeros…. Me puse al corriente de mucha gente que ni me acordaba. En fin una buena tarde. Feliz porque el Diablo no desee ser mí amigo, aunque el consejo de mi padre era “siempre que hay que tener amigos ¡hasta en el Infierno!”.
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