Íbamos paseando Mariano y yo por la avenida Independencia, cuando de frente venía una viejecita
más bien bajita, con su bastón, un poco encorvada, pero con una cara muy simpática.
-Doña Asunción –dijo Mariano- ¿cómo le va?.
-Muy bien Mariano. Me vienes como anillo al dedo. Tomamos un café en esta cafetería.
-Desde luego doña Asunción. Le presento a mi amigo.
-Mucho gusto
-El gusto es mío ¡agradable señora! –Dije recordándome a un familiar-.
Una vez en la cafetería y después de recordar la señora casi toda su vida comenzó a explicarle a
Mariano.
-Mañana he quedado con el director general de Compañía de Seguros……, es que he contratado
una póliza de seguros a prima única de 275.000 €, con una duración de cinco años y la firmo con
dicho señor en el hotel Boston. Voy a ir con el abogado Alfonso E….. y con un notario, pero me
gustaría que me acompañaras tú también.
-Doña Asunción ¿no estará otra vez en las andadas? – Dijo Mariano-.
-Pues hombre es que esto de apostar no se pasa nunca.
-¿Y esta vez que ha sido?.
-Cuando hable con el agente de la compañía de aquí, como era una cantidad muy elevada llamo al
director general de su empresa y este me dijo que venía a firmar la póliza él personalmente. El
director general, naturalmente, sentía curiosidad por saber de dónde había sacado tanto dinero, y
me preguntó: -“Señora, me sorprende que quiera hacer una operación tan alta con la edad que
tiene. ¿De dónde lo ha sacado?”. Le contesté: -“Hago apuestas.” -“¿Apuestas? ¿Qué tipo de
apuestas?” -preguntó el Director General y le dije: -“Bueno, le apuesto a usted 25.000 € a que sus
pelotas son cuadradas.” El director general soltó una carcajada y me dijo: -”Esa es una apuesta
estúpida, usted nunca puede ganar con una apuesta de este tipo”. Yo le desafié: -“Bueno ¿estaría
usted dispuesto a aceptar mi apuesta?, además si pierdo aumentaría mi aportación a la póliza en
75.000 € más”. -“¡Por supuesto!. Apuesto 25.000 € a que mis pelotas no son cuadradas” respondió
el director general. -“De acuerdo, pero como hay mucho dinero en juego, ¿puedo ir mañana a las 10
h con mi abogado para que haga de testigo?. Iré donde me diga”. -“Por supuesto -respondió el
confiado director general-. De acuerdo mañana a las 10 h. en mi habitación del Hotel Boston. Cojo
ahora el AVE y mañana nos vemos”.
-¡Vamos que sigue igual!.
-Por eso te pido, Mariano, que mañana junto con Alfonso y el notario vengas también.
Mariano se me quedo mirando y dijo:
-¿Puede ir también mi amigo? –Indicándome-
-Por mí sí, pero no sé qué dirá el director general.
-A esa hora estoy trabajando –manifesté.
-Pon cualquier excusa y te vienes. No te lo vas a pasar mejor en tu vida.
A la mañana siguiente, a las 10 menos cuarto, todos nos juntamos en la cafetería
del Hotel. Subimos a la habitación del director general de la Compañía. Tras
hacer las presentaciones oportunas doña Asunción repitió la apuesta:
-25.000 € apuesto, que las pelotas del director general son cuadradas.
El Director General aceptó de nuevo la apuesta y la viejecita le pidió que se
bajara los pantalones para que todos los pudieran ver. Tras algún remilgo del
director general, por el número de personas que éramos y tras despachar de la
habitación al agente de la Compañía, se los bajó. La viejecita se acercó y miró
sus pelotas detenidamente y le preguntó:
-Se las puedo tocar.
-Bien, de acuerdo. 25.000 € es mucho dinero más los 75.000 € de aumento de la póliza. Comprendo
que quiera estar absolutamente segura -respondió el director general.
Entonces se dio cuenta de que el abogado Alfonso E…. estaba golpeándose la cabeza contra la
pared y preguntó a la viejecita:
-¿Qué coño le pasa a su abogado?.
Ella contestó:
-Nada, sólo que he apostado con él 100.000 € a que hoy, a las 10h. tendría sus pelotas en mis
manos. Mariano, el notario, el director general, mientras se subía los pantalones, y yo nos reímos a
carcajada limpia, después de 15 minutos y agotar el agua del frigorífico de la habitación y tras llorar
de las risotadas, Mariano se acercó a Alfonso y le dijo:
-Anda, ¡majo!, ya puedes hacer dos cheques uno de 25.000 € a nombre del director general y otro
de 75.000 € a nombre de la Compañía para que doña Asunción firme su póliza.
-Esto es mi ruina, cuando se lo diga a mi mujer, me mata. Pero una apuesta es una apuesta y voy a
cumplir. Pero por favor no digáis nada porque si se entera mi Colegio profesional será mi
desprestigio.
Allí se quedaron doña Asunción, el director general y . Alfonso haciendo los cheques. A la salida me
dijo Mariano:
-Algo así me lo temía. Lo ha hecho toda su vida. La he defendido muchas veces.
El notario se despidió de nosotros diciendo:
-No sabía a lo que venía, pero está claro que de esto no puedo levantar acta, pero me he divertido
mucho. Cuando lo diga en mi despacho no se lo van a creer
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030-La viejecita