Mariano estaba con su nieto Junior. Este había venido a Zaragoza para visitar a un psicólogo amigo
de la familia y compañero de nuestra juventud. Mientras Junior hacía unos test y ejercicios en un
cuarto solo, eso sí con una cámara de televisión que controlaba Fer profesional de psicología,
comenzamos hablar de varios temas.
Mariano comentó:
-Tengo un amigo con miedo a volar ¿Tú tratas eso?
-Estoy haciendo un cursillo en Madrid de reciclaje. Traté la aerofobia hace
muchos años y hay que ponerse al día. –Dijo Fer.
-Es curioso que haya gente que deje de viajar y conocer el mundo por miedo al
avión. –Dije yo.
-Es un trastorno de salud emocional que se caracteriza por un miedo intenso y desproporcionado a
situaciones concretas. El mecanismo que desata es el miedo que se encuentra, tanto en personas
como en animales, en el cerebro, concretamente en el sistema límbico, que es el encargado de
regular las emociones, la lucha, la huida y la evitación del dolor, y en general de todas las funciones
de conservación del individuo y de la especie. –Manifestó Fer.
-¿Y puede ser tan fuerte ese miedo que renuncie a conocer otros países por no viajar en el medio
más seguro de transporte? –dijo Mariano.
-Pues si –indico Fer-. La aerofobia o miedo a volar, puede ser una fobia por si misma o puede ser
una manifestación de otras fobias, como la claustrofobia, miedo a los espacios cerrados o acrofobia,
miedo a las alturas. Puede ser también por otras causas. He conocido personas que deseando
viajar porque les encanta son incapaces de asumir la situación de entrar en un avión. Incluso tuve
un paciente que para subir en el “huevo de Formigal” se sentaba en el suelo de la cabina.
-¿Pero hay terapias para superar estos miedos? –pregunte.
-Naturalmente. Lo primero es que el paciente decida superar esta situación. Si él no está decidido
no lo superara. Hay que conocer realmente que le pasa, si es aerofobia o es una manifestación de
otra fobia. Y que se someta al tratamiento. El tratamiento puede ser largo, desde unas semanas a
unos meses. En algunos casos la gnosis, y en otros con ayuda de ansiolíticos se puede superar.
-Podemos decir ¿Qué son enfermos? –dijo Mariano.
-Como enfermedad mental podemos afirmar que sí. También puede influir el convivir con personas
que tengan aerofobia, familiares, amigos, compañeros de trabajo y que por mimetismo ellos posean
esa fobia sin que la padezcan de verdad. –dijo Fer.
-Interesante –manifesté-. ¿En que estas especializado?.
-Soy psicólogo de niños y jóvenes, como Junior. Una de mis especialidades es el miedo al colegio o
escuela. Hay jóvenes con fobias muy importantes al contesto escolar, lo que conlleva un
rendimiento paupérrimo en los estudios. Ello se traduce en un rechazo a todo lo relacionado con la
escuela. En eso estoy.
-Yo tengo una anécdota con un compañero de trabajo –dijo Mariano-. Cuando era funcionario, nos
llamó el Ministro, a Martínez y a mí, a su despacho, para proponernos ir a Nueva York durante dos
años para un asunto de nuestro departamento. Martínez le dijo al señor ministro que no podía ir,
porque no subía a los aviones, por aerofagia. El ministro, el subsecretario y yo nos quedamos
alucinados. El ministro, dirigiéndose al subsecretario dijo: “busque urgentemente a una persona
competente sin problemas estomacales”. No pude más y me entró la risa floja. El ministro dijo:
“váyanse todos menos usted Mariano”. Al quedarnos solos empezó a decirme: “como se atreve
usted a reírse de un compañero que tiene un problema tan serio….”, no pudo más y nos estuvimos
riendo un buen rato.
Se abrió la puerta y apareció Junior con un montón de papeles en la mano.
-Ya has terminado –dijo Fer.
-Sí. –contesto Junior.
-Mañana vienes a la misma hora. Tú solo. Deja al abuelo por ahí. Mañana charlaremos toda la
tarde. A lo mejor hasta nos vamos al cine. –dijo Fer.
Nos despedimos. Mariano nos invitó a un helado, el mío sin azúcar.
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034-Aerofobia