Mariano estaba con sus nietos, Junior y Sergio. Habían venido con su padre de Madrid. Me dijeron
que iban al cine de los multicines del centro comercial de Gran Casa. Les indiqué que les
acompañaba andando, pero que no iba a ver la película sino que me volvería a casa. Así cumplía
con la obligación de andar un rato todos los días.
Una vez que nos juntamos empezamos la caminata de cuatro kilómetros. De pronto le dije a
Mariano.
-Se nos ha ido Labordeta.
-Si. Menuda despedida –dijo Mariano
-Lo vi por la tele –indico Junior-. ¿Era tan importante en Aragón?.
-Fue una buena persona –le dijo su abuelo.
-Fue el que cantó a la libertad. Amaba Aragón, fue un gran demócrata y un gran maestro del pueblo
llano –dije y me quede tan ancho.
-¿Era cantante? –Preguntó Sergio
-Era cantautor. Es decir escribía las canciones y las cantaba –dijo Mariano.
-Un día Jorge, el profesor del cole, nos dijo que los cantautores lo pasaron mal
con Franco –dijo Junior-. No los quería ni ver y a uno por cantar en catalán no le
dejo que cantase en Eurovisión.
-¿Quién era Franco? –Dijo Sergio
-¡Este chico es tonto! –Dijo Junior-. Fue un general, o algo así, que con otros
traidores comenzó una guerra contra otros españoles, aliándose con los moros y
que dio por c… a todo el mundo.
La mano de Mariano, como un resorte, salió disparada hacia el cogote de Junior, que este esquivó
con gran reflejo.
-¡Mariano, por favor! –dije yo.
-Perdóname Junior. No he querido levantar la mano. Ha sido un impulso reflejo. Sabes muy bien
que estoy en contra de pegar y que no lo he hecho nunca. Pero tampoco me gusta que digáis
palabrotas.
-Te juro .. –se defendió Junior.
-Tampoco me gusta que jures. Digas lo que me digas te creo. Sigue.
-Bueno abu. Así nos lo contó el profe en el cole.
-No emplearía esas palabras.
-Si. Nos suelta cada una que ¡pa qué! –Con acento madrileño-. Un día vino hasta el padre de Borja
Mari. No me acuerdo porque palabrota que dijo Jorge en clase. Discutieron en el pasillo. Nosotros
estábamos en el aula y lo oímos todo. Borja Mari se puso colorao como un tomate y nos
pitorreamos de él durante una semana de lo "frisno" que era su "papa". Se puso malo y todo. –Dijo
Junior a su abuelo.
Tanto Sergio como yo estábamos alucinados de la cara de Mariano escuchando a su nieto.
Tengo que hablar con tu padre. A ver qué colegio es ese. –Dijo Mariano
-¿Y ese Franco como era? –Pregunto Sergio.
Como Mariano no le respondía, lo hice yo.
-Te refieres al físico –Sergio me dijo que si con la cabeza y seguí- ¿Sabes cómo son las
albóndigas? –me volvió a decir que sí con la cabeza- pues era un albondigón con una "cabecica"
pequeña arriba, sin cuello, dos brazos y dos patas. El típico dictador.
Se echaron a reír los tres. Mariano me dijo.
-Anda que tú también deberías de ir al colegio de estos a dar clases.
-¿De dónde era? –volvió a preguntar Sergio.
-Gallego –dijo Mariano.
-Es curioso comenzamos hablando de Labordeta, comprometido con la libertad y la democracia, y
terminamos hablando de un dictador. -Manifesté
Seguimos andando. Aquello era interminable. Los chavales se quejaban de hambre. El abuelo
comenzó prometiéndoles una salchicha y al final la hamburguesa más grande que hubiera. Mariano
les explico, realmente bien, lo que era la democracia, la guerra española, los 40 años con Franco y
por fin que éramos europeos. Los chicos le preguntaron montones de cosas y Mariano se las
contestaba con un vocabulario entendible para un chico de 13 y otro de 10 años. Yo me mantuve
callado. Comprendí lo importante que para los niños son los abuelos. Fue una tarde instructiva. Al
llegar al Centro Comercial lo primero fue ir al burger. Mariano estaba feliz. Compró todo lo que sus
nietos le pidieron. Mariano y yo nos pedimos una hamburguesa pequeña para los dos. Menudo
cisco para partirla. Los chicos se partían de risa. Ellos se fueron al cine y yo a la parada del autobús.
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037-Canto a la libertad