Dejamos pasar unos días, cuando Mariano me vino a buscar al trabajo.
-Vamos a casa de Agapito. Me ha llamado y me dicho que nos espera.
-No me gustaría llegar tarde a casa tengo cosas que hacer –dije.
-No será mucho tiempo.
Nos dirigimos hacia el barrio del Actur. Después de perdernos dos veces, salió a nuestro encuentro,
Agapito, para guiarnos a su morada.
Cuando estaba preparando las cervezas, con una lata de mejillones, aceitunas, queso y jamón,
contemple la librería de Agapito. Eran libros corrientes, de ediciones no muy caras pero de literatura
variada. Al lado de la librería, había un mueble estantería bastante grande con el Espasa. Lo original
era que estaban los libros con el celofán de cuando te los envían de la editorial. Me levante y me
dirigí hacia el mueble. Comprobé que dos de ellos no tenían el papelito de celofán sino el film
transparente de cocina. Cuando volvía a mi asiento mire a Mariano quien tenía una sonrisa de oreja
a oreja. Con su expresión me dijo todo.
Cuando ya estaba servido todo, Agapito se dirigió al primer cajón de la librería y saco un documento
plastificado. Nos miró y dijo:
-No lo escribió mi abuela sino su hermana, es decir mi tía-abuela, y lo hizo a su hijo, o sea mi tío,
que vivía en Madrid.
Me lo dio a leer. Despacio y cuando los escritos te interesan para asimilarlos mejor empecé a leerlo
para mí. Mariano me increpo diciendo.
-Léelo en voy alta.
-No sé cómo se dará el gallego pero ahí va.
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Te pongo estas líneas para que sepas que estoy viva. Te escribu despaciu
porque sé que no puedes leer di prisa. Si recibes esta carta es porque te llegó, si
no avísame y te la mando di nuevo.
El clima no es tan malo; la semana pasada sólo llovió 2 veces; la primera vez por
3 días y la segunda por 4. Sobre la chaqueta que querías, tu tíu Pepe dijo que si
la mandábamos con los botones puestos pesaría demasiado y el envíu sería
muy costoso, así que le quitamus los botones y los pusimus en el bolsillo.
Al fin enterramus a tu abuelo; encontramus su cadáver con lo de la mudanza; estaba en el armario
desde el día en que nos ganó a jugar al escondite.
Te cuento que el otro día hubo una esplosión de la cocina a gas y tu padre y yo salimus disparados
por el aire y caímus afuera de la casa; qué emoción, era la primera vez que tu padre y yo salíamus
juntos en muchos años. El médico vinu a la casa, pues yo tenía fiebre, y me puso un tubito de vidrio
en la boca y me dijo que no la abriera por 10 minutos; tu padre ofreció comprarle el tubito.
Perdona la mala letra y las faltas de ortografía, pero me he cansado de escribir y ahora le estoy
dictandu a tu padre y ya sabes comu es di bruto. Sobre tu padre, qué orgullu, te cuentu que tiene un
bonitu trabaju; tiene cerca di 500 personas debaju di él; él es el que corta la hierba en el cementeriu.
Tu padre leyó que según las encuestas la mayuría de los accidentes ocurren a un kilómetro de la
casa, así que nos hemos mudau más lejos; no vas a reconocer la casa. El lugar es lindo; tiene una
lavadora; no estoy segura si funciona o no, ayer metí una ropita, bajé la cadena y no he vuelto a ver
la ropa desde entonces.
Tu hermana Julia, la que se casó con su marido, parió, pero como todavía no sé de qué sexo es, no
te sé decir si eres tío o tía. Si el bebé es una niña, tu hermana va a nombrarla comu yo; ella llamará
a tu hermana "Mamá". Tu padre le preguntó a tu hermana Pilar que si estaba embarazada, ella le
dijo que sí, de 5 meses ya; tu padre le preguntó que si ella estaba segura de si era de ella. Tu
hermano Juancho cerró el coche y dejó las llaves adentro, tuvo que ir hasta la casa por el duplicadu
para poder sacarnus a todus del autu.
Tu primo Pacu se casó y resulta que le reza todas las noches a la esposa porque es virgen. A quien
nunca más hemos visto por acá es al tío Juan Carlos, el que murió el año pasadu. El que nos tiene
preocupau es tu perro el Puky, se empeña en perseguir a los coches que están paradus.
¿Recuerdas a tu amigo Antonio? Ya no está más en este mundo; su padre murió hace dos meses y
pidió ser enterrau en el lago; tu amigo murió cavando la fosa en el fondo del lago. Tres de tus
amigos que andaban en la pick up, se cayeron al río; el Rafa que estaba conduciendo se salvó
porque logró bajar el vidrio y salir por la ventana; los otros dos se ahogaron porque estaban atrás y
no pudieron abrir la portezuela trasera.
Bueno hijo, no te pongo mi dirección en la carta porque no la sé. Resulta que la última familia de
gallegus que vivió por aquí se llevó los números para no tener que cambiar de domiciliu. Si ves a
Doña Remedios, dale saludos de mi parte; si no la ves, no le digas nada.
Tu madre que te quiere, Carmina.
P.D. Te iba a mandar 100 pesetas, pero ya he cerradu el sobre.
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Nos costó mucho no soltar alguna carcajada. Mariano me la pidió y se la leyó para él solo otra vez.
Cuando terminó comenzamos hablar del cambio de Gobierno, del ridículo del Zaragoza y del paro.
Al cabo de 45 minutos nos despedimos y nos fuimos.
© PLCF 2010
041-Carta de una madre gallega