Con mi amigo Mariano  Conversando en libertad
Hacía dos meses que no veía a Mariano. Había estado en Madrid al cuidado de sus nietos. Marianín, por razón de trabajo, estaba en Estados Unidos y aún le faltaban seis meses de estar fuera de España. La madre de las criaturas estaba rehaciendo su vida y tampoco se ocupaba. Así pues el “abu” allí estaba. En las vacaciones de Semana Santa se los había traído para su tierra. Estábamos sentados en una terraza, donde a los dos chavales, Sergio y Junior, les habían servido sendas hamburguesas. Por la calle pasaba la Cofradía de Jesús Nazareno. El ruido de tambores era ensordecedor. Estuve observando a los pequeños. Cuando la Cofradía pasó y el ruido se fue, así como la gente que se había congregado en las aceras, dirigiéndome a Junior le dije. -¿Qué te pase Junior?. Te veo triste Junior agacho la cabeza y no dijo nada. Su abuelo le recrimino: -Contesta cuando te hablan. Mariano ante el silencio de Junior me dijo: -Ha reñido con su mejor amigo. -No es cierto –dijo Junior-. Yo no he hecho nada. Cristián me ha dejado de hablar porque otro le dijo que yo decía cosas de él. Y no es cierto. -No sé porque, pero eso me suena –manifesté continuando- Te voy a contar un cuento de Pascua. -Eso se cuenta en Navidad –dijo Sergio -Por eso he dicho Pascua. En Semana Santa se celebra la Pascua. -Dejar que lo cuente. –Dijo Mariano. Así pues comencé: -Hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados. -¿Qué es fulminado? –dijo Sergio -Al instante –le contestó Mariano-. Y no le interrumpas. -Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales (a veces los muertos andan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición…). La carretera era muy larga y colina arriba el sol era muy intenso; ellos estaban sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol, que conducía a plaza pavimentada con adoquines de oro. -Adoquines de oro no existen –dijo Sergio Su abuelo le volvió a recriminar. -Te quieres callar que es un cuento. -El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente dialogo: *Buenos días. *Buenos días –Respondió el guardián. *¿Cómo se llama este lugar tan bonito? *Esto es el Cielo. *¡Qué bien que hayamos llegado al Cielo porque estamos sedientos! *Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera -El guardián señalo la fuente. *Pero mi caballo y mi perro también tienen sed…. *Lo siento mucho –dijo el guardián- pero aquí no se permite la entrada a los animales. El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante. Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles… A la sobra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía. *Buenos días –dijo el caminante. El hombre respondió con un gesto de la cabeza. *Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo. *Hay una fuente entre aquellas rocas –dijo el hombre, indicando el lugar- Podéis beber toda el agua como queráis. El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed. El caminante volvió atrás para dar gracias al hombre. *Podéis volver siempre que queráis –le respondió éste. *A propósito ¿Cómo se llama este lugar? –pregunto el hombre. *Cielo *¿El Cielo?.¡Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!. *Aquello no era el cielo. Era el Infierno –contestó el guardián. El caminante quedó perplejo. *¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! –advirtió el caminante. *¡De ninguna manera! –Increpó el hombre- En realidad, nos hacen un favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos….. -Muy bonito –dijo Mariano- Lo habéis entendido. Junior contesto que sí con la cabeza mientras Sergio con cara extraña decía que no. Junior le dijo a su hermano: -Luego te lo explico. -¿De quién es? –Pregunto Mariano -De Paulo Coelho –respondí -¿Quién es ese? –dijo Junior -Un escritor brasileño
© PLCF 2011
Home Lab. culinario Arte gastronómico Fotos viajes
054-Cuento de Pascua
Con mi amigo Mariano  Conversando en libertad
054-Cuento de Pascua
Home Lab. culinario Arte gastronómico Fotos viajes
Hacía dos meses que no veía a Mariano. Había estado en Madrid al cuidado de sus nietos. Marianín, por razón de trabajo, estaba en Estados Unidos y aún le faltaban seis meses de estar fuera de España. La madre de las criaturas estaba rehaciendo su vida y tampoco se ocupaba. Así pues el “abu” allí estaba. En las vacaciones de Semana Santa se los había traído para su tierra. Estábamos sentados en una terraza, donde a los dos chavales, Sergio y Junior, les habían servido sendas hamburguesas. Por la calle pasaba la Cofradía de Jesús Nazareno. El ruido de tambores era ensordecedor. Estuve observando a los pequeños. Cuando la Cofradía pasó y el ruido se fue, así como la gente que se había congregado en las aceras, dirigiéndome a Junior le dije. -¿Qué te pase Junior?. Te veo triste Junior agacho la cabeza y no dijo nada. Su abuelo le recrimino: -Contesta cuando te hablan. Mariano ante el silencio de Junior me dijo: -Ha reñido con su mejor amigo. -No es cierto –dijo Junior-. Yo no he hecho nada. Cristián me ha dejado de hablar porque otro le dijo que yo decía cosas de él. Y no es cierto. -No sé porque, pero eso me suena –manifesté continuando- Te voy a contar un cuento de Pascua. -Eso se cuenta en Navidad –dijo Sergio -Por eso he dicho Pascua. En Semana Santa se celebra la Pascua. -Dejar que lo cuente. –Dijo Mariano. Así pues comencé: -Hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados. -¿Qué es fulminado? –dijo Sergio -Al instante –le contestó Mariano-. Y no le interrumpas. -Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales (a veces los muertos andan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición…). La carretera era muy larga y colina arriba el sol era muy intenso; ellos estaban sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol, que conducía a plaza pavimentada con adoquines de oro. -Adoquines de oro no existen –dijo Sergio Su abuelo le volvió a recriminar. -Te quieres callar que es un cuento. -El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente dialogo: *Buenos días. *Buenos días –Respondió el guardián. *¿Cómo se llama este lugar tan bonito? *Esto es el Cielo. *¡Qué bien que hayamos llegado al Cielo porque estamos sedientos! *Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera -El guardián señalo la fuente. *Pero mi caballo y mi perro también tienen sed…. *Lo siento mucho –dijo el guardián- pero aquí no se permite la entrada a los animales. El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante. Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles… A la sobra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía. *Buenos días –dijo el caminante. El hombre respondió con un gesto de la cabeza. *Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo. *Hay una fuente entre aquellas rocas –dijo el hombre, indicando el lugar- Podéis beber toda el agua como queráis. El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed. El caminante volvió atrás para dar gracias al hombre. *Podéis volver siempre que queráis –le respondió éste. *A propósito ¿Cómo se llama este lugar? –pregunto el hombre. *Cielo *¿El Cielo?.¡Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!. *Aquello no era el cielo. Era el Infierno –contestó el guardián. El caminante quedó perplejo. *¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! –advirtió el caminante. *¡De ninguna manera! –Increpó el hombre- En realidad, nos hacen un favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos….. -Muy bonito –dijo Mariano- Lo habéis entendido. Junior contesto que sí con la cabeza mientras Sergio con cara extraña decía que no. Junior le dijo a su hermano: -Luego te lo explico. -¿De quién es? –Pregunto Mariano -De Paulo Coelho –respondí -¿Quién es ese? –dijo Junior -Un escritor brasileño
© PLCF 2011