Con mi amigo Mariano  Conversando en libertad
Me llamó Mariano para que estuviese, delante de mi ordenador, a las 8 de la tarde. Me daría instrucciones y nos pondríamos en contacto telefónico, sin costarnos un euro, con su hijo en Nueva York y un amigo de él desde Cancún. Aquello me pareció un desatino. Le insistí que cuanto me iba a costar la broma, y me puse tan pesado que termino diciéndome que si me costaba algo me lo pagaba él. Así pues a las 8 en punto estaba sentado ante mi ordenador con los auriculares puestos y con el micrófono sujeto en la oreja. Sonó mi móvil y era Marianín quien me dijo que esa llamada si le costaba dinero y que fuese rápido. Me dio unas cuantas instrucciones y al cabo de tres minutos estaba hablando con él a través del ordenador. No había imagen pero el sonido era claro y fuerte. Empezó hablar Mariano también porque se acababa de conectar. Cuando llevábamos unos dos minutos salió una nueva voz de un tal Margarito de México y residente en Cancún. Después de las presentaciones comenzamos una animada conversación con los temas más diversos que uno se pueda imaginar. Dentro de mi alucinación de cómo te puedes poner en contacto sin costarte nada, comenzó una conversación sobre los niños y jóvenes de ahora. Margarito con su acento mexicano, que me hacía mucha gracia, decía: -Hasta hace cosa de un siglo, los hijos acataban el cuarto mandamiento como un verdadero dictamen de Dios. Imperaban normas estrictas de educación: Nadie se sentaba a la mesa antes que el padre, nadie hablaba sin permiso del padre, nadie repetía el almuerzo sin el permiso del padre, nadie se levantaba de la mesa si el padre no se había levantado antes; por algo era el padre. Incluso los hijos se dirigían a sus padres de vos. -En España de usted –manifestó Mariano, prosiguiendo Margarito:- -La madre fue siempre el eje sentimental de la casa, el padre siempre la autoridad suprema. Cuando el padre miraba fijamente a la hija, esta abandonaba todo; a una orden del padre los hijos varones cortaban leña, alzaban bultos o se hacían matar en la guerra. -Eso es verdad, era otra cultura aunque yo no la conocí. –Dijo Marianin- Tú papa ¿tratabas a los abuelos de usted? -No, los trataba de tu. Sin embargo a mis abuelos, o sea, a tus bisabuelos sí que me acuerdo que los trataba de usted. –Contestó Mariano. Cuando se hizo silencio Margarito continuó:- -Todo empezó a cambiar hace unas siete décadas, cuando el padre dejó de ser el padre y se convirtió en papá. El mero sustantivo era ya una derrota. Padre es una palabra sólida, rocosa, imponente; papá es un apelativo para oso de felpa o para perro faldero; da demasiada confianza. Nos echamos a reír los tres. La comparación del mexicano de papá en un oso de peluche tenía gracia. Margarito continuó: -Además, la segunda derrota es que papá es una invitación al infame tuteo, con el uso de papá el hijo se sintió autorizado para protestar, cosa que nunca había ocurrido cuando el papá era el padre. A diferencia del padre, el papá tolerante. Permitía al hijo que fumara en su presencia, en vez de arrancarle los dientes con una trompada, como hacía mi padre en circunstancias parecidas. Los hijos empezaron a llevar amigos a la casa y a organizar bailes y bebidas, mientras papá y mamá se desvelaban y comentaban en voz baja: “Bueno, por lo menos tranquiliza saber que están tomándose unos tragos en casa y no en quién sabe dónde.” -Bueno, yo creo, también influía, la formación y la educación que recibías en casa. Me acuerdo que en más de una ocasión, cuando de pequeño, pregunte a mis padres porque algunas personas trataban de usted a sus progenitores. Siempre me decían lo mismo que era una costumbre antigua. –Dije metiéndome en la conversación. Margarito no me contestó y siguió. -El papá marcó un acercamiento generacional muy importante, algo que el padre desaconsejaba por completo. Los hijos empezaron a comer en la sala mirando la tele, mientras papá y mamá lo hacían solos en la mesa; tomaban el teléfono sin permiso, sacaban dinero de la cartera de papá y usaban sus mejores camisas. La hija comenzó a salir con pretendientes sin chaperón…. -¿Sin qué? –dijo Mariano. -Sin carabina, papa –le dijo Marianin -Ya me perdonaran que algunas de mis expresiones sean de mi tierra y no las comprendan bien –dijo Margarito y siguió- …y a exigirle a papá que no le pusiera mala cara al insoportable novio y que le ofreciera que, en vez de llamarlo "Señor Barreiro", como habría llamado al padre, que lo llamara simplemente "Tato". -Tienes razón –dijo Mariano- Las cosas han cambiado mucho. Unas a mejor y otras a peor. Es cierto que se ha perdido aquel respeto pero quizás se ha acercado la figura de padre y de la madre. Los sicólogos, actuales, dicen que los padres, además de serlos deben de ser amigos de sus hijos. -Creo que eso es un error. Nunca un padre podrá ser amigo de sus hijos. Tendrán más o menos complicidad, pero el hijo querrá guardar sus secretos y que su padre o madre, no le den la vara - dijo Marianin. Prosiguió Margarito. -Papá seguía siendo la autoridad de la casa, pero una autoridad bastante maltrecha. Nada comparable a la figura prócer del padre. Era, en fin, un tipo querido; lavaba, planchaba, cocinaba y, además, se le podía pedir un consejo o también dinero prestado. Y entonces vino papi. Papi es un invento reciente de los últimos 20 o 25 años. Descendiente menguado y raquítico de padre y de papá, ya ni siquiera se le consulta ni se le pregunta nada. Simplemente se le notifica. Papi, me llevo el carro, dame para gasolina. Le ordenan que se vaya al cine con mami mientras los hijos están de fiesta y que, cuando vuelvan, entren en silencio por la puerta de atrás. Tiene prohibido preguntarle a la nena quién es ese tipo despeinado que desayuna descalzo en su cocina. Ni hablar de las tarjetas de crédito, la ropa, el turno para ducharse, la afeitadora, el ordenador, las llaves. Lo tutean y hasta le indican cómo dirigirse a ellos: ¡Papi, no me vuelvas a llamar "chiquita" delante de Jonathan! Nos volvimos a reír. ¡Qué razón tenía el mexicano!. Sin decirle nada continuó: -Aquel respeto que inspiraba el padre y, hasta cierto punto el papá, se transformó en exceso de confianza además de convertirse en un franco abuso hacia papi: ¡Oye, papi, se me está acabando el whisky y la cerveza! ¡Oye papi, anda a comprar pan! .No sé qué seguirá después de papi. Supongo que la esclavitud o el destierro definitivo. Yo estoy aterrado, después de haber sido nieto de padre, hijo de papá y papi de mis hijos, mis nietas han empezado a llamar a su padre "pa"... !!! -La formación la reciben en las escuelas, pero la educación la deben de recibir en casa. –Dijo Mariano-. En España pasamos, que en los colegios se pegaban palizas a los estudiantes, ahora que son los estudiantes quienes agreden a los profesores. Ni aquello era lo correcto, ni el libertinaje de ahora. En un futuro esto traerá malos resultados. -Ya los trae. La generación “nini”. –Dijo Marianin- En mi empresa me trajeron un currículo como oferta de trabajo. Le llamamos para decirle que se incorporase a la empresa siendo el trabajo por la tarde. Nos dijo que lo sentía mucho pero que tenía que echarse la siesta. -¡No me j…! –exclame. -Como lo oyes. Seguimos un bien rato. Mariano llamo a sus nietos que estaban haciendo los deberes para que hablasen con su padre, papa, pa, kió, o lo que sea. Ahora espero impaciente la factura de teléfono Para comprobar, si es verdad, que no me cuesta nada.
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056-Padre, papa, pa, kió
Con mi amigo Mariano  Conversando en libertad
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Me llamó Mariano para que estuviese, delante de mi ordenador, a las 8 de la tarde. Me daría instrucciones y nos pondríamos en contacto telefónico, sin costarnos un euro, con su hijo en Nueva York y un amigo de él desde Cancún. Aquello me pareció un desatino. Le insistí que cuanto me iba a costar la broma, y me puse tan pesado que termino diciéndome que si me costaba algo me lo pagaba él. Así pues a las 8 en punto estaba sentado ante mi ordenador con los auriculares puestos y con el micrófono sujeto en la oreja. Sonó mi móvil y era Marianín quien me dijo que esa llamada si le costaba dinero y que fuese rápido. Me dio unas cuantas instrucciones y al cabo de tres minutos estaba hablando con él a través del ordenador. No había imagen pero el sonido era claro y fuerte. Empezó hablar Mariano también porque se acababa de conectar. Cuando llevábamos unos dos minutos salió una nueva voz de un tal Margarito de México y residente en Cancún. Después de las presentaciones comenzamos una animada conversación con los temas más diversos que uno se pueda imaginar. Dentro de mi alucinación de cómo te puedes poner en contacto sin costarte nada, comenzó una conversación sobre los niños y jóvenes de ahora. Margarito con su acento mexicano, que me hacía mucha gracia, decía: -Hasta hace cosa de un siglo, los hijos acataban el cuarto mandamiento como un verdadero dictamen de Dios. Imperaban normas estrictas de educación: Nadie se sentaba a la mesa antes que el padre, nadie hablaba sin permiso del padre, nadie repetía el almuerzo sin el permiso del padre, nadie se levantaba de la mesa si el padre no se había levantado antes; por algo era el padre. Incluso los hijos se dirigían a sus padres de vos. -En España de usted –manifestó Mariano, prosiguiendo Margarito:- -La madre fue siempre el eje sentimental de la casa, el padre siempre la autoridad suprema. Cuando el padre miraba fijamente a la hija, esta abandonaba todo; a una orden del padre los hijos varones cortaban leña, alzaban bultos o se hacían matar en la guerra. -Eso es verdad, era otra cultura aunque yo no la conocí. –Dijo Marianin- Tú papa ¿tratabas a los abuelos de usted? -No, los trataba de tu. Sin embargo a mis abuelos, o sea, a tus bisabuelos sí que me acuerdo que los trataba de usted. –Contestó Mariano. Cuando se hizo silencio Margarito continuó:- -Todo empezó a cambiar hace unas siete décadas, cuando el padre dejó de ser el padre y se convirtió en papá. El mero sustantivo era ya una derrota. Padre es una palabra sólida, rocosa, imponente; papá es un apelativo para oso de felpa o para perro faldero; da demasiada confianza. Nos echamos a reír los tres. La comparación del mexicano de papá en un oso de peluche tenía gracia. Margarito continuó: -Además, la segunda derrota es que papá es una invitación al infame tuteo, con el uso de papá el hijo se sintió autorizado para protestar, cosa que nunca había ocurrido cuando el papá era el padre. A diferencia del padre, el papá tolerante. Permitía al hijo que fumara en su presencia, en vez de arrancarle los dientes con una trompada, como hacía mi padre en circunstancias parecidas. Los hijos empezaron a llevar amigos a la casa y a organizar bailes y bebidas, mientras papá y mamá se desvelaban y comentaban en voz baja: “Bueno, por lo menos tranquiliza saber que están tomándose unos tragos en casa y no en quién sabe dónde.” -Bueno, yo creo, también influía, la formación y la educación que recibías en casa. Me acuerdo que en más de una ocasión, cuando de pequeño, pregunte a mis padres porque algunas personas trataban de usted a sus progenitores. Siempre me decían lo mismo que era una costumbre antigua. –Dije metiéndome en la conversación. Margarito no me contestó y siguió. -El papá marcó un acercamiento generacional muy importante, algo que el padre desaconsejaba por completo. Los hijos empezaron a comer en la sala mirando la tele, mientras papá y mamá lo hacían solos en la mesa; tomaban el teléfono sin permiso, sacaban dinero de la cartera de papá y usaban sus mejores camisas. La hija comenzó a salir con pretendientes sin chaperón…. -¿Sin qué? –dijo Mariano. -Sin carabina, papa –le dijo Marianin -Ya me perdonaran que algunas de mis expresiones sean de mi tierra y no las comprendan bien –dijo Margarito y siguió- …y a exigirle a papá que no le pusiera mala cara al insoportable novio y que le ofreciera que, en vez de llamarlo "Señor Barreiro", como habría llamado al padre, que lo llamara simplemente "Tato". -Tienes razón –dijo Mariano- Las cosas han cambiado mucho. Unas a mejor y otras a peor. Es cierto que se ha perdido aquel respeto pero quizás se ha acercado la figura de padre y de la madre. Los sicólogos, actuales, dicen que los padres, además de serlos deben de ser amigos de sus hijos. -Creo que eso es un error. Nunca un padre podrá ser amigo de sus hijos. Tendrán más o menos complicidad, pero el hijo querrá guardar sus secretos y que su padre o madre, no le den la vara -dijo Marianin. Prosiguió Margarito. -Papá seguía siendo la autoridad de la casa, pero una autoridad bastante maltrecha. Nada comparable a la figura prócer del padre. Era, en fin, un tipo querido; lavaba, planchaba, cocinaba y, además, se le podía pedir un consejo o también dinero prestado. Y entonces vino papi. Papi es un invento reciente de los últimos 20 o 25 años. Descendiente menguado y raquítico de padre y de papá, ya ni siquiera se le consulta ni se le pregunta nada. Simplemente se le notifica. Papi, me llevo el carro, dame para gasolina. Le ordenan que se vaya al cine con mami mientras los hijos están de fiesta y que, cuando vuelvan, entren en silencio por la puerta de atrás. Tiene prohibido preguntarle a la nena quién es ese tipo despeinado que desayuna descalzo en su cocina. Ni hablar de las tarjetas de crédito, la ropa, el turno para ducharse, la afeitadora, el ordenador, las llaves. Lo tutean y hasta le indican cómo dirigirse a ellos: ¡Papi, no me vuelvas a llamar "chiquita" delante de Jonathan! Nos volvimos a reír. ¡Qué razón tenía el mexicano!. Sin decirle nada continuó: -Aquel respeto que inspiraba el padre y, hasta cierto punto el papá, se transformó en exceso de confianza además de convertirse en un franco abuso hacia papi: ¡Oye, papi, se me está acabando el whisky y la cerveza! ¡Oye papi, anda a comprar pan! .No sé qué seguirá después de papi. Supongo que la esclavitud o el destierro definitivo. Yo estoy aterrado, después de haber sido nieto de padre, hijo de papá y papi de mis hijos, mis nietas han empezado a llamar a su padre "pa"... !!! -La formación la reciben en las escuelas, pero la educación la deben de recibir en casa. –Dijo Mariano-. En España pasamos, que en los colegios se pegaban palizas a los estudiantes, ahora que son los estudiantes quienes agreden a los profesores. Ni aquello era lo correcto, ni el libertinaje de ahora. En un futuro esto traerá malos resultados. -Ya los trae. La generación “nini”. –Dijo Marianin- En mi empresa me trajeron un currículo como oferta de trabajo. Le llamamos para decirle que se incorporase a la empresa siendo el trabajo por la tarde. Nos dijo que lo sentía mucho pero que tenía que echarse la siesta. -¡No me j…! –exclame. -Como lo oyes. Seguimos un bien rato. Mariano llamo a sus nietos que estaban haciendo los deberes para que hablasen con su padre, papa, pa, kió, o lo que sea. Ahora espero impaciente la factura de teléfono Para comprobar, si es verdad, que no me cuesta nada.
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