Fui a buscar a Mariano al AVE. Me había llamado y comunicado que Marianin ya había venido de
Nueva York y se había hecho cargo de los niños. Traía dos maletas y no deseaba coger un taxi.
Tras recogerlo lo lleve a su casa y después de dejar las maletas y asearse un poco, bajamos a una
terraza de la cafetería de la esquina de su calle. Estaba concurrida pero con una mesa solitaria con
dos sillas en media de aquella masa de personas bebiendo cerveza por litros.
Comenzamos una conversación diciéndome Mariano:
-Desde que no te veo han pasado muchas cosas. Los indignados en Madrid, la guerra de los
pepinos y los políticos que pierden las elecciones y se aferran más a sus butacas.
-Ya ves. Con los indignados, en un principio, estuve de acuerdo. Era hora de que los políticos se
dieran cuenta lo mal que lo están haciendo. Gobierno y oposición. Más les importa su futuro que el
futuro de España y de los españoles. El movimiento era interesante.
-A mí me pareció lo mismo. Simplemente echo la culpa de su desastre final al excesivo
protagonismo de los medios. Retrasmisiones en directo, apertura de telediarios, minutos y minutos
de propaganda gratuita. Todo ello hizo que se alargase en el tiempo así como el poco respeto del
Gobierno a la decisión a la Junta electoral central.
-Aun así me parece positivo y que a la larga, igual, las cosas cambien –espete, continuando-.
Además se juntaron movimientos y asociaciones con denuncias muy curiosas, como por ejemplo los
abusos sexuales a unas feministas. La prohibición de las corridas de toros. Los ocupas
profesionales. Los antisistema. Entonces llego las noticias que había pulgas y chinches. Que la
noche convertía la Puerta del Sol en un gran “lupanar”. Cadenas de televisión que en un principio
veían con agrado lo que allí pasaba, principalmente, porque se iba en contra del Gobierno,
terminaron llamando a los allí congregados “perros-flautas”, solamente porque habían sido
rechazados.
-Así es la vida “todo está bien mientras le ocurre a los demás cuando te tocan
todo está mal”. Mientras era la Puerta del Sol, enfrente al edificio gobernado por
la oposición y los perjudicados son los comerciantes, que estén todo el tiempo
que sea. Bajan la Carrera de San Jerónimo y se acercan al Congreso su
Presidente dice, al Jefe de Seguridad, que carguen como se les ocurra entrar.
-Si eso también lo oí yo. Fueron declaraciones a Punto Radio.
-Los políticos no tienen vergüenza. Solo les preocupa su vida –continuo Mariano-. ¿Qué me dices
del Tribunal Constitucional y Bildu?, solo por ser el PSOE el que consiga desarmar a ETA. Y eso
está por ver. Después cuando no salen los votos que ellos piensan, cuando se da la vuelta a la
tortilla, no dejan el poder porque tienen que garantizar no sé qué. Lo que quieren asegurarse es su
futuro.
-Estoy convencido que el pueblo llano, para los políticos, somos solamente un grupo de capullos,
ineptos y analfabetos. Por eso el movimiento 15 m, me gustó. No así su desenlace. Debió de haber
dialogo, no dejadez de funciones. Promesas de cambio, no silencio. Con ello se llegó a la violencia
innecesaria. En fin está claro que los políticos no están por el dialogo.
-Hasta los extranjeros no han tomado por el “pito de un sereno”. Fíjate los alemanes con los
pepinos.
-Es que volvemos a lo mismo –dije-. La falta de credibilidad de nuestra Gobierno, ha llevado a que
la señora Merkel, en vez de echar la culpa a la carne de sus salchichas y hamburguesas, que sean
los pepinos de Almería los portadores de la bacteria Ecoli.
-Bueno ahora tú no le eches la culpa a las salchichas alemanas.
-No, no soy yo. La prensa de hoy lo dice muy claro, tras la intoxicación de una veintena de niños
franceses que comieron hamburguesas de una conocida cadena de supermercados, que se habían
jactado, que ellos como líderes, no tenían pepinos españoles. La fábrica francesa de hamburguesas
había comprado la carne a Alemania.
-Es lo lógico, que una bacteria animal este en la carne animal, no en los vegetales. Al principio de la
crisis ya hubo un Premio Nobel, en medicina, que no entendía como se estaba buscando la bacteria
en los vegetales cuando era animal.
-También he leído que los alemanes empiezan a confiar en productos españoles. ¿Será verdad?.
No lo sé pero confío en ello.
Tras un descanso en nuestra conversación y tras unos tragos en su cerveza y en mi agua mineral
con gas,
Mariano me miro y me dijo.
-¿Quién será ahora el valiente que le diga a la Merkel que estamos indignados con su salchicha y
sus políticos?.
-Desde luego el Gobierno español no. -Termine.
© PLCF 2011
057-Indignados pepinos políticos