Ayer lleve a Chulín al veterinario. El motivo sacrificarlo, tras 17 años y 29 días, sus fuerzas no le
permitían mantenerse de pie. Mi primer perro, pero no será el último. He aprendido muchas cosas
de él, principalmente dar a los demás más de lo que yo reciba de ellos.
Mariano me vino a buscar. Dimos una vuelta y me invitó a cenar a una pizzería. Me comentó.
-El otro día estaba hablando con un ex-compañero de trabajo cuando éste me informó de que los
animales no tienen emociones y por lo tanto que no tienen alma y que nunca disfrutarán del cielo.
Bueno, este compañero tiene la desventaja de ser lo que yo llamo un "bibliófilo". De hecho es un
cristiano renacido. Como sabes no tengo nada en contra de los cristianos, es más yo lo soy puesto
que soy creyente, ni en contra de la religión en general, pero es que este es un fundamentalista.
¿Qué opinas?.
-Los animales tienen emociones y tienen alma, y te diré porque lo sé. En más de diecisiete años
viviendo con Chulín, no he visto nunca en las noticias, a un gatito enganchar a un bebé humano
vivo con cinta adhesiva al suelo de una casa para que se moviera. Tampoco he visto a ningún gato
divertirse prendiéndole fuego a una persona. Nunca he ido de excursión al desierto y me he
encontrado un niño al que unos perros han dejado atado a una estaca, sin comida ni agua, para
causarle una dolorosa muerte en el calor sofocante del desierto. Nunca he visto que un gallo forzara
a dos humanos a luchar en un ring con cuchillas en los pies mientras los gallos hacen apuestas
sobre cuál morirá primero. No he visto a ningún cachorro de perro meter a ocho niños en un saco y
ahogarlos en el río. Tampoco he visto a ningún águila apuntar con un rifle a un hombre desarmado
ni entrar en un aula y disparar indiscriminadamente. Ni que un oso mate a una persona sólo para
colgar su cabeza en la pared de su cueva. Y hasta el día de hoy, nunca he visto a una paloma
conducir su coche por la calle para atropellar a toda persona que pasea alrededor de un parque.
Mariano se me quedo mirando sin decir nada. Continué.
-Deja que te cuente lo que sí he visto. He visto a mi perro dormir cerca de mí para darme calor
cuando estaba con cólicos nefríticos. He visto a mi perro hacerme gracias sólo para
obligarme a sonreír. He visto a mi perro al que le encantaba saltar sobre la gente y
tirar de la correa, abstenerse de hacerlo con mi madre cuando iba en la silla de
ruedas. He visto, por televisión, a una gata entrar corriendo en una casa en llamas
no una, ni dos, sino seis veces para salvar a sus gatitos, lo que a punto estuvo de
costarle la vida. He visto a un hurón sacar a un gatito asustado de un profundo
agujero en el suelo. He visto a un coyote ir a buscar a otro perro para conseguirle
la atención médica que necesitaba. He visto a elefantes llorar. He visto monos que chillaban por
empatía cuando uno de los suyos resultaba herido. He visto a perritos que gemían toda la noche
cuando los separaban de su madre. He visto a un perro alejar a rastras a un niño del fuego. Éstas
son sólo unas pocas de las cosas que he visto. Mencionarlas todas me llevaría una vida entera y
creo que ya has entendido lo que quiero decir. En cuanto a lo del alma... Bien, es mi humilde opinión
que si tienes emociones, cualquier tipo de emociones, es que tienes alma. Casualmente, el Papa de
la Iglesia Católica Romana declaró recientemente que él también lo cree así.
-¡Que seguro estás! –dijo Mariano.
-Yo recomiendo que se vea la película “Siempre a tú lado”. Aparte de ver a Chulín, un poco más
grande, comprenderá la grandeza de los perros. Está basada en hechos reales. No puedo
demostrar que los animales tengan alma. Pero a fin de cuentas, tampoco puedo demostrar que tú o
yo la tengamos. Y para todos aquellos que creen firmemente que los animales no tienen alma,
supongo que si realmente existe un cielo, lo más probable es que les toque limpiar las cajas de
arena...
Cambiamos de conversación y seguimos un buen rato.
© PLCF 2012
065-Hasta luego Chulín