P.L.C.F.
Mis viajes por el mundo
Viajando el libertad
Cualquier isla, sobre todo para quienes llegan del mar, constituye antes que nada un lugar de costas y
muelles, de gaviotas y playas, de escollos azotados por el viento. El mar moldea a su antojo a Irlanda. Es el
Océano que no da tregua a las rocas de Dingle, que empuja las nubes a la llanura de Shannom, que envuelve a
Dublín incluso en las noches de invierno. El viaje a Irlanda es también una experiencia de inmersión total en la
naturaleza. Su fama de país verde, tranquilo, rico en testimonios artísticos y culturales no es una imagen fal-
seada para vender a los turistas.
Es en realidad de un país donde la vida discurre con ritmo menos frenético, más humano, que en otros
muchos lugares de Europa.
Si embargo puede vanagloriarse de no haber perdido ni destruido sus paisajes, en un tiempo que Eu-ropa
se llenaba de cemento y prestaba menos atención que hoy al medioambiente y la calidad de vida.
Sus curiosos récords son: el porcentaje de mujeres más alto de mujeres pelirrojas, del número de orde-
naciones sacerdotales y días de lluvia, del mayor consumo de té per cápita, del índice más bajo de suicidios y de
la invención del libro más difundido en accidente, tras la Biblia, el “Guinness de los récords” invento del rey de la
cerveza local.
Lo único que le queda es el marcar una fecha concreta para la normalizar la convivencia del Ulster, en
posesión del Reino Unido. Afortunadamente Belfast ya no aparece tan de continuo en las noticias.
Viaje a Irlanda. Verano de 2014
Cruces Celtas
© P.L.C.F. 2014